"Considerar a los demás" Meditación 7 - P. Juan Jaime

«Nunca estamos conformes del quehacer de los demás
y vivimos a solas sin pensar en los demás,
como lobos hambrientos, acechando a los demás,
convencidos que son nuestro alimento, los demás.

Los errores son tiestos que tirar a los demás;
los aciertos son nuestros y jamás de los demás;
cada paso un intento de pisar a los demás,
cada vez más violento es el portazo a los demás.

Las verdades ofenden si las dicen los demás,
las mentiras se venden, cuando las compran los demás;
somos jueces mezquinos del valor de los demás;
pero no permitimos que nos juzguen los demás.

Nuestro tiempo es valioso; pero no el de los demás;
nuestro espacio, precioso; pero no el de lo demás.
Nos pensamos pilotos del andar de los demás;
donde estemos nosotros... que se frieguen los demás.

Apagamos la luz que, por amor a los demás,
encendió en una cruz, el que murió por los demás;
porque son ataduras, comprender a los demás,
caminamos siempre a oscuras sin contar con los demás.

Condenamos la envidia, cuando envidian los demás,
mas lo nuestro es desidia, que no entienden los demás.
Nos creemos selectos entre todos los demás;
seres pluscuamperfectos, con respecto a los demás.

Y olvidamos que somos, los demás de los demás;
que tenemos el lomo como todos los demás,
que llevamos a cuestas, unos menos y otros más,
vanidad y modestia como todos los demás.

Y olvidando que somos los demás de los demás,
Nos hacemos los sordos, cuando llaman los demás,
porque es tontería escuchar a los demás,
y tildamos de manía el amor por los demás.»

(Alberto Cortez)

Ayer caíamos en la cuenta de la importancia de conjugar la vida en primera persona del plural, aprendiendo a decir “nosotros” y empezando a olvidar ese exceso de “yo” al que nos hemos acostumbrado en los últimos tiempos. Ya es un paso grande y trascendental comenzar a plantearnos que tenemos una suerte y un destino comunes, que nuestras oportunidades dependen de nuestra unidad y fraternidad y de nuestra capacidad de apoyarnos y sostenernos los unos a los otros. Ahora bien, el paso del “yo” al “nosotros” supone algo muy difícil para el espíritu humano, pues implica descentrarse, dejar de mirarse uno a sí mismo como primer y radical interés, y alzar la vista para ver a los otros, para pensar y considerar a los demás.