P. ÁNGEL CAMPELO (1945-2016)

Perderte y ganarte a la vez

Te recuerdo como todo un ángel de película. Con la diferencia que tú eras real. Estabas presente en todo lugar: en la puerta del colegio, en el salón de clase, en la cancha de recreo, en la sala de juntas. Velabas por todos, haciéndote para todos: alumnos, padres de familia, exalumnos, profesores, vecinos; quizás por eso todos hablamos de ti como sintiéndote único y especial en nuestras vidas. Y estabas en todo: en los actos culturales, en los retiros, en las entregas de notas. “¿Cómo hacías para multiplicarte a todas horas, en todas partes y entre tanta gente siendo tan pequeño?”, no dejo de preguntarme.

También eras un Ángel con ángel: el de la simpatía que hacía que de entrada y con todos “cayeras bien” y que de ahí pronto pasarás a la empatía, a esa conexión profunda con cada persona. ¿Qué era? Acaso tu tono de voz, tu calidez, tu bondad, tu sonrisa, tu forma ponderada de ver y decir las cosas. Creo que era todo eso junto pero en especial esto último. Porque para ti, el mundo parecía estar dividido más que entre malos y buenos, entre maduros e inmaduros; una madurez que identificabas con la armonía en la personalidad y con encontrar el justo término medio para decidir lo más apropiado para crecer. Pero tu pasión por la búsqueda del equilibrio no significaba que fueras un hombre sin opciones, pues te la jugaste a fondo por los pobres, por Calasanz, por buscar año tras año lo mejor para tus alumnos, por una educación integral, de calidad y al alcance de todos, por promover entre la niñez y la juventud los valores del Evangelio.

Algo tan bello como la vida no merece terminar con la muerte. Esa es la Buena Nueva que hizo manifiesta Cristo con su Resurrección. Por eso, arraigados en nuestra fe cristiana, aún con la tristeza y las lágrimas en el rostro por la noticia de tu muerte, no podemos dejar de proclamar que una vida tan bella como la tuya sí que menos merece ese final. Porque tu vida fue una potente inyección de alegría, de esperanza y de ganas de luchar por salir adelante para todos los que nos relacionamos contigo. Y porque viviste tu vida confiado en el Señor, nosotros esperamos que Él transforme tu vida –como el grano de trigo que hoy se siembra y luego germina- para que sigas siendo generador de vida por toda la eternidad. Y de esta manera, podamos seguir contando con ese maravilloso ángel que un día conocimos aquí en la tierra.

Martín Bravo Cortés, Sch. P.*

*Religioso escolapio de la Provincia Nazaret, exalumno del Colegio Cooperativo Calasanz de Cúcuta, quien coopera con la Provincia Betania en la fundación de Indonesia (Atambúa),
Circunscripción Asia de la Orden de las Escuelas Pías