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César Pinzon

César Pinzon

Viernes, 30 Septiembre 2022 17:56

CARTA A LOS HERMANOS OCTUBRE 2022

Este año 2022 se cumplen 25 años de la aprobación, por parte del 44º Capítulo General de la Orden, del documento institucional “El Laicado en las Escuelas Pías”. Es una fecha “redonda”, que nos puede sugerir una mirada agradecida al camino recorrido a lo largo de estos años y que este documento que recordamos tanto contribuyó a impulsar y a desarrollar.

Aquel Capítulo General de 1997 se convocó con un lema muy interesante. Rezaba así: “Carisma y Ministerio: una historia que recordar, una historia que construir”. Nos convocaba el 400º aniversario del comienzo de la misión calasancia en la Escuela de Santa Dorotea (1597), y la Orden festejaba con profunda alegría esa historia -inacabada- que inició Nuestro Santo Padre en la pequeña sacristía de una parroquia del Trastevere.

Me parece que ahora sería bueno aplicar el mismo lema a este pequeño aniversario del documento sobre el laicado escolapio. Efectivamente, estamos ante una bella historia que debemos recordar y continuar construyendo. Me gustaría contribuir a ello con esta sencilla carta fraterna. Quisiera referirme a unos pocos puntos que considero importantes.

En primer lugar, creo que tenemos que hacernos una pregunta: ¿qué buscaba aquel Capítulo General con ese documento? Nada se aprueba en un capítulo sin una intencionalidad. Releyendo las actas y el propio documento, aparecen claramente los tres objetivos que estaban sobre la mesa en aquellos años:

  1. Aclarar la conciencia escolapia sobre ese tema.
  2. Responder a las inquietudes de tantas personas laicas que se preguntan por el proyecto que las Escuelas Pías tienen en relación con ellos.
  3. Aceptar que la apertura a los laicos es un signo de los tiempos que nos interpela profundamente.

Estos eran los tres objetivos. Así consta en las actas del Capítulo y en el propio documento.  Quiero compartir con todos vosotros que los tres siguen siendo reales, actuales y provocativos. Sigue siendo necesario profundizar y clarificar lo que vivimos; seguimos recibiendo preguntas, propuestas y aspiraciones desde las personas que comparten nuestro carisma y nuestra misión; sigue siendo cierto que este camino nos interpela y provoca en la Orden deseos de respuesta y de nuevos pasos, así como preguntas e inquietudes. Seguimos caminando, hermanos.

Junto a esta afirmación de que los objetivos siguen siendo actuales, también debemos afirmar que en los tres hemos avanzado mucho. Ofrezco algunos datos de este caminar y de este progreso, aludiendo también a las dificultades y despistes que tenemos.

  1. El documento que conmemoramos se aprobó canónicamente con el 65% de los votos en el seno del 44º Capítulo General. Todos sabemos que una proposición o un directorio, para ser aprobados, necesitan la mayoría absoluta. La votación con la que el documento fue aprobado indica una mayoría clara, pero también expresa dificultades o dudas. Años después, el actual Directorio de Participación, que es la concreción actualizada del documento de 1997, se aprobó con el 84% de los votos de los capitulares. Tal vez no son datos muy relevantes, pero nos sirven para comprender que estamos ante un reto y un proceso que necesita su tiempo, pero que poco a poco va siendo bien comprendido y asumido por la Orden.
  2. Por otro lado, sabemos que las cuatro modalidades de participación se han consolidado y hay muchas experiencias, y muy ricas, de impulso de cada una de ellas. Es cierto que la integración carismática y jurídica continúa siendo una opción poco extendida, pero no por eso poco significativa. Y es también cierto que el trabajo para el acompañamiento de nuestros colaboradores, la riqueza de los procesos de Misión Compartida y el desarrollo de la Fraternidad han sido formidables.
  3. Junto a estos datos de fondo, cito otras muchas cosas que están suficientemente claras entre nosotros: compartir el carisma y la misión entre religiosos y laicos es bueno, rico y necesario; cuanto mayor sea la identidad calasancia del laicado, mejor para los niños y jóvenes que crecen entre nosotros; la pluralidad vocacional escolapia es rica y creativa; los ministerios escolapios encomendados a los laicos provocan riqueza de misión e incluso la posibilidad de crear nuevos ministerios; el modelo de presencia escolapia se va abriendo paso entre nosotros con progresiva naturalidad; la Fraternidad y al Orden comparten misión de diversas maneras, siendo especialmente significativa la red “ITAKA-Escolapios”; la Fraternidad se va dotando poco a poco de estructuras de animación y acompañamiento, y está naciendo en nuevos contextos y demarcaciones, etc.
  4. Como en todo proceso, parecen también dificultades y situaciones que necesitan ser revisadas o acompañadas. Citemos algunas: en algunos lugares cuesta encontrar el modo adecuado para que la Fraternidad se ubique bien en el dinamismo de la Provincia y de cada una de las presencias, con el fin de que pueda crecer y aportar como lo que es, una importante entidad escolapia; comprender la formación de los laicos en dinámica de Misión Compartida como “saberes que se aprenden en un curso” y no como un proceso integral que transforma la vocación educadora de las personas; creer que los religiosos no nos tenemos que formar, junto con los laicos, en todo lo referente a la identidad calasancia de nuestra misión, “porque ya lo sabemos todo”; no reflexionar suficientemente sobre la importancia de la presencia de los religiosos en la vida de la Fraternidad, etc.
  5. Hemos de ser cuidadosos con determinadas maneras de pensar o quizá más bien frases o ideas que a veces subyacen entre nosotros, especialmente en algunos lugares, y que no reflejan en absoluto ni el modo de pensar de la Orden ni las dinámicas sinodales que propone nuestra Iglesia. Cito algunas de ellas:
    1. “Mientras tengamos suficientes religiosos no es necesario impulsar el proyecto del laicado”. Refleja un concepto utilitarista del laicado escolapio y no responde en absoluto al deseo de construir unas Escuelas Pías participativas, plurales y generadoras de identidad. Una cosa es tener clara la prioridad de construir una demarcación, y otra muy diferente es pensar que “impulsaremos el proyecto del laicado sólo cuando lo necesitemos; por ahora no hace falta”.
    2. “No es problema que no haya religiosos en un colegio, ya lo llevan los laicos”. Afirmación y modo de pensar que no sólo desconcierta a los religiosos, sino también a los laicos. No da igual que en un colegio escolapio haya religiosos o no. Es mejor, absolutamente mejor, que haya religiosos. Yo afirmo que no sólo es mejor, sino que es necesario. Pero si no hay, evidentemente, hay que llevar las cosas de otro modo. Pero convertir la solución de un problema -la falta de religiosos- en el ideal o en lo mejor, es un error muy serio.
    3. Hay que acompañar bien a nuestros jóvenes para que comprendan adecuadamente todo el dinamismo de la Participación. Las cosas que más desconciertan son aquellas que se sitúan en los “extremos” y que convierten el dinamismo de la Participación en lo que nunca es y nunca será. Nuestros jóvenes deben saber y sentir que su vocación es plena, necesaria, apasionante e insustituible. Como siempre ha sido. Y eso debemos transmitirlo todos -religiosos y laicos-, y no sólo con la palabra, sino con la vida.

6. Van apareciendo nuevos desafíos, todos ellos fruto de la vida y del camino que vamos recorriendo. Cito algunos de ellos

  1. Desarrollar y vivir en plenitud la identidad de la Orden y la propia de la Fraternidad. La Orden de las Escuelas Pías y la Fraternidad Escolapia son realidades diferentes que optan por la comunión. Pero esto sólo se puede hacer desde identidades claras y desde vivencias plenas. Necesitamos una Orden Escolapia que viva intensamente la consagración y la profecía, que crezca y camine desde los dinamismos y estructuras que le son propios, y que cuide su significatividad y su capacidad de Vida y de Misión. Igualmente, necesitamos una Fraternidad Escolapia que crezca en el desarrollo de su propia identidad, claramente expuesta en sus documentos, y que busque una clara vivencia de la vocación cristiana enriquecida desde el carisma calasancio de modo que, en su seno, religiosos y laicos puedan compartir el don vocacional recibido.
  2. Compartir el desafío misionero. La Orden, la Fraternidad y el conjunto del laicado escolapio, somos enviados a los niños, a los jóvenes, ante todo a los más pobres. Este envío en misión puede y debe ser compartido. Lo es ya en muchos lugares de la Orden, y contamos con ricas y fecundas experiencias de este “envío en misión compartido”. Incluso tenemos presencias escolapias que nacieron así, de modo conjunto.
  3. Configurar un sujeto escolapio claro y fecundo. Cuando hablamos de “lo escolapio” no hablamos sólo de la Orden. Esto es se va clarificando poco a poco entre nosotros. Pero este nuevo sujeto escolapio que estamos configurando, formado por la Orden, las Fraternidades y tantas personas que comparten la Misión que hemos recibido de Dios a través de Calasanz, necesita ser bien reflexionado y estructurado, en sus diversas dinámicas, para que sea fecundo. Si es confuso, si las diversas identidades no son bien respetadas, no funcionará.
  4. Desarrollar los ministerios escolapios. Vivimos un momento de reflexión creativa sobre este tema de los ministerios, que es decisivo en el impulso de la pluralidad vocacional escolapia. Nuestro último Capítulo General pidió a la Congregación General que estudie la posibilidad de crear un nuevo ministerio escolapio, relacionado con la escucha y el acompañamiento. Es un bello ejemplo de la vida que surge entre nosotros.
  5. El papel protagonista de los jóvenes y su aportación a unas Escuelas Pías mejores. No hay duda de que por este camino llegarán muchas más aportaciones y sugerencias en todo lo relativo a la Participación. Estamos muy agradecidos al Señor por el don de la presencia de los jóvenes que crecen y caminan entre nosotros con creciente corresponsabilidad escolapia, sabedores de que la construcción de las Escuelas Pías es una bella aportación a la utopía eclesial y social que ellos quieren construir y que todos sabemos y creemos que debemos esperar como don del que todo lo puede: el Reino de Dios y su Justicia.

Quisiera concluir esta carta fraterna con unas palabras de agradecimiento a tantas personas que, con su mejor voluntad y amor por Calasanz, desean honestamente crecer en su identidad y vinculación escolapia y, con su sensibilidad y sus sueños, aportan nuevas energías al conjunto de las Escuelas Pías. A todas ellas expreso mi agradecimiento y por todas ellas doy gracias a Dios. Al Señor de las llamadas le pedimos que siga convocando a más personas, cada una según su vocación, a continuar impulsando el siempre inacabado sueño de San José de Calasanz.

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch. P.
Padre General

Tomado de: Scolopi.org

Con mucha alegría les comunicamos la llegada de los juniores provenientes de las provincias hermanas de Betania y África Occidental. Los jóvenes Kristorius Bernaris Mali y Daniel Fernandes, de Indonesia y Alexis Sagna de Senegal, llegan a Bogotá para dominar el idioma español e iniciar próximamente sus estudios en Teología. Nos adentramos así en la interculturalidad que promueve la Iglesia y la Orden.

Oramos por estos hermanos y les damos la bienvenida al Seminario Calasanz donde son acogidos por la comunidad de la Inmaculada Concepción.
Viernes, 02 Septiembre 2022 19:11

CARTA A LOS HERMANOS SEPTIEMBRE 2022

Tratad de comprender lo que el Señor quiere

Está bastante claro que nuestro 48º Capítulo General ofrece al conjunto de las Escuelas Pías numerosas áreas de reflexión y está llamado a provocar -si se lo permitimos- nuevos dinamismos de vida y de misión. Creo que uno de los aspectos sobre los que estamos llamados a fijar nuestra atención es el de la necesidad de cuidar y mejorar todo lo relacionado con el discernimiento y la toma de decisiones (a nivel personal, comunitario e institucional). No hay duda de que avanzaremos mejor por caminos de sinodalidad si reconocemos que tenemos todavía mucho que aprender sobre lo que supone el discernimiento (espiritual, vocacional, apostólico, etc.) en nuestra vida.

Sobre este tema es sobre el que quiero compartir con vosotros esta sencilla reflexión, enmarcada en la propuesta que Pablo hace a los Efesios (Ef 5, 17) en la que sintetiza de modo muy claro el objetivo del discernimiento cristiano: tratar de comprender lo que el Señor quiere.

La primero que quiero decir es que necesitamos ser conscientes de la necesidad de abrir un proceso de reflexión sobre los dinamismos propios del discernimiento. No lo sabemos todo sobre este tema, ni todo lo que hacemos y decidimos lo llevamos adelante desde procesos bien cuidados y compartidos. Recuerdo que en una de las oportunidades en las que los miembros de la Unión de Superiores Generales pudimos encontramos con el Papa Francisco, éste nos recordó que el Sínodo de los Jóvenes era un Sínodo sobre los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional. Y añadió esta frase, que nos quedó muy clara: “quiero introducir el discernimiento con más fuerza en la vida de la Iglesia”[1]. Estamos ante una constatación fundamental del Papa, que también nosotros podemos y debemos asumir: necesitamos introducir el tema del discernimiento con más fuerza en la vida de las Escuelas Pías.

Son muchas las razones por las que creo que estamos ante una necesidad clave. Pero me voy a limitar solamente a citar tres.

Para explicitar la primera, me voy a inspirar en la narración contenida en el capítulo 15 del libro de los Hechos de los Apóstoles. La propuesta evangélica se iba abriendo paso en contextos desconocidos, y surgían muchas preguntas y desafíos. Los apóstoles no resolvieron con un decreto la discusión sobre la circuncisión, sino que escucharon la novedad que emergía desde esos “nuevos espacios de vida de fe”. Deliberaron, escucharon y, finalmente, decidieron que la comunidad tenía que abrirse a un nuevo modo de comprender, acoger y transmitir la plenitud de la salvación ofrecida por Dios en Cristo. Fue un profundo proceso de escucha del Espíritu Santo[2].

Hoy nos está pasando lo mismo. Estamos transitando por muchos terrenos nuevos, y emergen nuevos desafíos que afectan a las respuestas que debemos dar como escolapios a los niños y jóvenes de hoy, a las sociedades en las que nos encontramos, a las sensibilidades de los religiosos jóvenes que quieren dar lo mejor de sí mismos por unas Escuelas Pías mejores. Necesitamos procesos de discernimiento para crear nuevas estructuras, estilos comunitarios y opciones de misión.

La segunda razón en la que me quiero fijar para explicar la importancia del tema es la fuerte llamada eclesial y escolapia a la sinodalidad. No hay sinodalidad posible sin discernimiento comunitario. La sinodalidad se basa -y la provoca- en nuestra capacidad de discernir en común.  Es por esta razón por la que creo que una de las tareas más necesarias que tenemos que emprender es la de aprender a discernir en común.

Hay una tercera razón que debemos considerar. No está de más un cierto esfuerzo de autocrítica ante algunas debilidades que vemos en nuestros propios procesos. Quizá puede ser bueno que, como hermanos, tratemos de dar nombre a esas debilidades. Yo puedo decir que cuando se dialoga con libertad y honestidad sobre estas nuestras debilidades relacionadas con nuestros procesos de discernimiento y toma de decisiones, somos muy capaces de reconocer aquellos aspectos en los que más debemos trabajar. Entre ellos: decidir sin suficiente dinámica de oración; confundir discernimiento con decisión; dificultad para provocar una escucha atenta de todos; intentos de influir irrespetuosamente en el modo de pensar de los demás; búsqueda de que mi idea o mi propuesta “triunfe”, sin entender que de lo que se trata es de encontrar una respuesta compartida; círculos de presión; deficiente respeto por la verdad; decidir o votar desde criterios ajenos al bien de la Orden como, por ejemplo, la amistad, la procedencia, la cultura, la edad o cualquier otro rasgo no central en el asunto sobre el que tenemos que decidir. Hablar, proponer, expresar mis ideas es siempre necesario, pero siempre desde un sincero deseo de diálogo, escucha y búsqueda compartida.

Estas tres razones: la novedad de los tiempos, la propuesta de la sinodalidad y nuestras propias necesidades de mejora, son más que suficientes para hacernos conscientes de que tenemos mucha tarea por delante. Mi deseo es sugerir algunas pistas de avance en todo lo relativo al discernimiento comunitario. Quisiera proponer cinco puntos de reflexión.

1-No hay discernimiento posible sin una creciente vida de oración, sin una cuidada espiritualidad, sin una disponibilidad para poder entrar a fondo en nuestra propia alma y descubrir en ella el querer de Dios. La hondura y la honestidad de la vida espiritual de cada uno de nosotros marca decisivamente nuestra capacidad de discernimiento, personal o comunitario. Lo expresa de manera certera la narración de la parábola del hijo pródigo, cuando se dice que “entrando dentro de sí” (Lc 15, 17), encontró la respuesta. Cuando el joven de la parábola decide entrar en su más profundo centro, descubre ahí lo único que no había podido malgastar: el amor incondicional de su padre, que había experimentado desde que era niño. No nos engañemos: la vida superficial lleva a discernimientos (si es que se puede utilizar esta palabra) superficiales. La vida espiritual cuidada nos acerca a la posibilidad de hacer las cosas bien. Y esta es una tarea que todos tenemos que plantearnos, del mismo modo que la Orden debe plantearse como nos puede ayudar.

2-El buen discernimiento necesita de su metodología. Esto daría para un libro, por eso simplemente me contento con mencionarlo. Me estoy refiriendo a cosas muy concretas, como estas: que haya claridad en la pregunta que debemos responder o en el tema que debemos decidir; que todos estén bien informados; que esté claro quién y cómo se toma la decisión (el superior, la comunidad, etc.); que haya espacio para la oración y el compartir comunitario, tanto de los frutos de la oración como de nuestras ideas; que estemos abiertos a las ayudas externas que podamos necesitar para profundizar en la reflexión, etc. Creo que para avanzar en la sinodalidad nos vendrían muy bien algunos encuentros de aprendizaje sobre los procesos de discernimiento.

3-Este es precisamente el tercer punto que quiero proponer. Lo podemos llamar “aprendizaje progresivo”. Es claro que, en algunas de nuestras comunidades y, quizá, en algunas de nuestras demarcaciones, tenemos no pocas deficiencias en todo lo relativo al discernimiento y toma de decisiones. Seguro que esto es verdad. Pero también lo es que todas pueden -podemos-aprender. Y el modo de aprender es caminando. Impulsemos el aprendizaje progresivo de las dinámicas propias de la sinodalidad y del discernimiento. Así, poco a poco, aprendiendo de los errores, podremos avanzar por sendas más abiertas a las inspiraciones del Espíritu Santo.

4-El fruto del discernimiento bien hecho es el “acuerdo de corazón”. Si lo hemos hecho bien, nunca debemos salir de un proceso de discernimiento y de toma de decisiones o de elecciones sintiendo que hemos perdido porque no ha salido lo que esperábamos. El discernimiento no busca aislar al diferente, sino integrar a todos para que todos podamos colaborar con gusto en lo que hemos decidido, aunque no todos estemos de acuerdo ni tengamos la misma opinión. No vivimos en comunidad ni nos reunimos para tomar decisiones porque todos pensemos lo mismo, sino porque todos deseamos profundamente escucharnos, orar juntos, buscar el querer de Dios y ponernos “manos a la obra” para llevar adelante la decisión elegida. Tenemos buenas experiencias en las que hemos tomado decisiones desde posiciones distintas, pero honestamente habladas, oradas y decididas.

5-Necesitamos hacernos las preguntas adecuadas. El discernimiento espiritual, apostólico o institucional, tanto en la dimensión personal como en la comunitaria, necesita “apertura de visión” para comprender dos cosas esenciales: que los temas sobre los que queramos trabajar sean de verdad significativos, y que nuestra comunidad sea capaz de detectarlos, de comprender los “signos de vida” que emergen y la “novedad de respuesta” que precisan. En estos meses en los que celebramos los capítulos locales y demarcacionales en el conjunto de las Escuelas Pías, esta “apertura de visión” es más necesaria todavía para tratar de acercarnos a las preguntas que verdaderamente deben ser objeto de nuestro discernimiento. Creo que hay preguntas comunes y preguntas específicas de las diversas situaciones en las que vivimos.

Pongo algunos ejemplos de preguntas que nos podemos hacer: ¿qué supone para nosotros la llamada a la sinodalidad? ¿de qué manera podemos impulsar auténticamente la misión compartida? ¿qué áreas debemos tener más en cuenta para que nuestros jóvenes en formación puedan crecer en una más clara identidad carismática? ¿cómo ver y potenciar las “oportunidades de vida” que sin duda emergen en todas las demarcaciones, también en aquellas que parecen tener más dificultades o en las que el sentimiento de desánimo puede estar más enraizado? ¿quién es el hermano al que creemos que en este momento le podemos pedir el servicio de superior, según nuestras Constituciones? ¿qué significa para nuestra Provincia “caminar con los jóvenes”? Evidentemente, podríamos seguir. Estamos ante un reto importante: demos a nuestros procesos capitulares la posibilidad de provocar novedad.

Termino esta carta fraterna con un apunte relacionado con el discernimiento espiritual que todos somos llamados a vivir. El discernimiento no es sólo una metodología, o un modo de afrontar problemas o preguntas. Es, sobre todo, una dimensión de la vida cristiana, una dimensión de nuestra fidelidad vocacional, que tiene que estar siempre presente en nuestra oración, en nuestra vida cotidiana, en el ejercicio de nuestra misión. En definitiva, en la vivencia crecientemente auténtica de nuestra vocación, en nuestra vida cotidiana. No vivimos en una “burbuja de tranquilidad” que nos pone las cosas fáciles. No es así la vida. Vivimos -y discernimos- en medio de nuestras búsquedas diarias, nuestras pequeñeces, nuestros propios pecados, nuestras debilidades y nuestros esfuerzos de fidelidad., Somos lo que somos, y desde esa nuestra realidad, vivimos y encarnamos nuestra fe y nuestra vocación. Desde ahí hemos de tratar de ser fieles, crecientemente fieles, a lo que Dios quiere de nosotros. Esa es la vida de cada uno de nosotros, de nuestras comunidades y de nuestras Escuelas Pías.

Si nunca lo habéis hecho, os invito a ver la película “De Dioses y hombres”, en la que contemplamos la historia de los monjes cistercienses de Tibhirine, mártires en aquella Argelia que tanto amaron. Es una historia de discernimiento espiritual bien realizado. Nos basta con leer el testimonio que dejó escrito el prior de la comunidad, Christian de Chergé, para darnos cuenta de que, efectivamente, todos ellos buscaron honestamente ser fieles a su propia vocación, en una situación bien compleja, a través de un honesto, sincero y, por qué no decirlo, difícil, proceso de discernimiento espiritual. No hace mucho tiempo que todos ellos fueron beatificados por el Papa Francisco.

Os agradezco la acogida de estas reflexiones, que concluyo con una invitación: no simplifiquemos la llamada a la sinodalidad. Muy al contrario, entremos a fondo en lo que el Espíritu Santo está pidiendo a la Iglesia.

Recibid un abrazo fraterno.

Pedro Aguado Sch.P.
Padre General

[1] Papa Francisco. Encuentro con la USG del 25 de noviembre de 2016.

[2] Hechos 15, 28: “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas de las indispensables”.

 
Tomado de: Scolopi.org
El P. Luis Padilla López, Sch. P. recibió este jueves 11 de agosto, un reconocimiento especial del Center For NonViolent Communication Certified Trainer de Madrid (España), con el cual se enaltece su dedicación y entrega en el aprendizaje y la enseñanza de La Comunicación NoViolenta. En la ceremonia de entrega estuvieron presentes los Padres Juan Carlos Sevillano y Juan Jaime Escobar, además de los miembros del ICCE-Nazaret.

En nombre de la Provincia Nazaret manifestamos nuestro profundo agradecimiento el sr. Gerardo Sánchez Lozano, director del Centro y quien hizo entrega de este certificado de honor, por su generosidad y acompañamiento.
Continuando con la formación propuesta desde Procesos Pastorales, para los equipos de Pastoral y otros docentes que sienten el llamado a dirigir y acompañar retiros espirituales para jóvenes de las presencias de Ecuador, los días 18 y 19 de julio nos dimos cita desde las 7:30 a.m. en la Casa de Capacitación San José de Calasanz- Zhindar, un grupo de 22 maestros de las presencias de Loja, Saraguro y Cañar, con el fin de seguir creciendo y aprendiendo en algunas herramientas para el momento de dirigir o acompañar retiros espirituales.

El encargado de brindar el espacio de formación fue el profesor Omar Serrano del Colegio Calasanz Bogotá, quien mientras dirigía y acompañaba este espacio con jóvenes, desarrolla una manera clara y práctica para orientar a los estudiantes, sobre los ejercicios de interiorización y reflexión.

La jornada estuvo iluminada por momentos de oración y compartir. Los espacios formativos del taller se centraron en compartir experiencias, proporcionando algunas herramientas, recursos y tips que pueden ser útiles para el acompañamiento de los jóvenes en su ejercicio de conocimiento interior.

El espacio permitió conocer la realidad y contexto de los jóvenes según las presencias. Así mismo, el proceso llevado por cada una de ellas para vivir este proyecto y propiciar en los jóvenes el poder nombrar lo que viven, permitiendo generar claridades y despejar dudas de los maestros acompañantes.

Agradecemos al prof. Omar por brindar sus dones al servicio de la Provincia Nazaret y a los maestros que participaron del espacio de formación.

Nos queda la tarea de seguir creciendo y venciendo los miedos al momento de dirigir una charla, de seguir generando recursos que aporten al proceso sin perder el "centro" de estos espacios, seguir siendo instrumentos del Espíritu Santo para que podamos ofrecer espacios tranquilos, de silencio y oración que propicien y permitan entrar a la profundidad del corazón.

Nos quedamos con la frase: el que mejor sabe hacer retiros eres tú.
 
Por: Patricia Pedreros
Lunes, 18 Julio 2022 19:19

Tiempo de recoger para derramar

Tiempo de recoger para derramar, esa fue la tónica en la que vivimos en la Provincia Nazaret los días 6 y 7 de julio en la sede Colombia, 11 y 12 en la sede Ecuador.

Los docentes de Pastoral de cada una de las presencias y colaboradores de las obras de educación No Formal, nos reunimos en la casa de Retiros Cristo Rey y Casa de Capacitación San José de Calasanz- Zhindar para vivir una experiencia de oración, siendo un encuentro que nos hace comunidad y familia.

El padre Javier Brines Sch.P, de Valencia España, quien es el encargado de llevar a nivel de la Orden la Oración Continua, nos acompañó en este espacio, compartiendo su don para hacer oración contemplativa y a su vez todo lo que ha podido trabajar en ella.

Fue día y medio lleno de paz, tranquilidad y con la ilusión de cultivar un corazón orante, como el de los niños, con el fin de recoger de la mano amorosa de Dios Padre y Espíritu Santo la revitalización necesaria para seguir haciendo comunión con toda la comunidad educativa. El encuentro se desarrolló con una introducción, la experiencia pedagógica y didáctica de la Oración Continua y el compartir de material y recursos, entre ellos la presentación del blog Oración Continua | Scolopi (oracioncontinua.com)

Tenemos un gran camino en nuestra Provincia Nazaret, para recorrer y plantearnos la mejor manera de llevar la oración a nuestros niños, niñas, jóvenes, maestros y padres de familia, teniendo la claridad que contamos con bases y que la oración es una experiencia que nos lleva a escuchar y dialogar con Dios, a transformar las experiencias educativas que vamos teniendo y no una simple actividad que está dentro de nuestro currículo.

Nos quedamos con el corazón lleno de alegría al compartir estos días de oración.
 
Por: Patricia Pedreros
El viernes 15 de julio de 2022, el Ministerio de Ciencia y Tecnología entregó los Premios Ángela Restrepo Moreno a la excelencia en Ciencia, Tecnología e Innovación, donde le fue otorgado el reconocimiento como investigador emérito, "Reconocimiento vitalicio que exalta su trabajo y trayectoria en la historia de la ciencia en Colombia" al Dr. Jorge Robledo Velásquez, rector del Colegio Calasanz Medellín. ¡Felicitaciones Jorge! Gracias por tu liderazgo, por compartir tanto conocimiento con nuestra Provincia en beneficio de tantos niños y jóvenes.
 
"Estimada comunidad educativa:

Sin pretender más de lo que la ocasión merece, comparto con ustedes el reconocimiento como "investigador emérito" que me otorgó Minciencias, en ceremonia realizada el pasado viernes 15 de junio, en el marco de la entrega de los Premios Ángela Restrepo a la Excelencia en Ciencia, Tecnología e Innovación. Según la comunicación que recibí del ministro, "Para Minciencias es una gran oportunidad otorgarle este reconocimiento vitalicio que exalta su trabajo y trayectoria en la historia de la ciencia en Colombia".

Tratando de poner las cosas en su justo lugar, entiendo que el mensaje de Minciencias a los investigadores eméritos premiados, es un reconocimiento a la excelencia investigativa y al compromiso con la ciencia y la sociedad, pero también una convocatoria a la comunidad científica para que haya muchos investigadores eméritos más, que contribuyan a resolver los persistentes problemas de nuestro país y el mundo.

Entiendo también el reconocimiento como la asignación de una responsabilidad indelegable a continuar trabajando en la investigación, mientras la salud y la lucidez mental nos acompañe. Esta es una responsabilidad que yo asumo con todas las consecuencias, como una forma de permanecer fiel a mi vocación personal.

Con un cordial y afectuoso saludo".
 
>>>Video del evento
JORGE ROBLEDO VELÁSQUEZ
Rector
Lunes, 18 Julio 2022 15:36

Capítulo Local Medellín

Del 16 al 20 de julio se está celebrando en Medellín el Capítulo Local. En el mismo participan los religiosos de las dos comunidades escolapias de Medellín, los directores o coordinadores de las 4 obras escolapias de la Presencia (Colegio Calasanz, Parroquia San José de Calasanz, Obra de Educación No Formal-Calasanz Contigo y Movimiento Calasanz Almatá) así como una integrante de la Fraternidad Escolapia.
 
Antes de comenzar el trabajo capitular, celebramos la eucaristía pidiendo la luz e iluminación del Espíritu Santo.
El pasado martes 12 de julio, la Universidad Cristóbal Colón de Veracruz México, una institución con la que compartimos la misión educativa integral, firmó un convenio de cooperación internacional con el ICCE-Nazaret.

El objeto del presente convenio es que conjuntemos esfuerzos para realizar acciones de apoyo mutuo tendientes a fomentar la vinculación y acciones concretas que apoyen las funciones sustantivas de las dos instituciones, en las áreas de formación, investigación y editorial.

Dentro de estas acciones se encuentra el programa de becas y descuentos, donde:

La UCC ofrece a todos los colaboradores de las instituciones asociadas a ICCE-Nazaret becas y descuentos exclusivos en su oferta educativa de programas académicos de posgrado en modalidad no escolarizada y tutorial con formato en línea; de licenciatura en modalidad mixta, esquema de prespecialidad remota; de educación continua en cursos y diplomados con formato en línea.

Además de su apertura a proyectos de investigación aplicada y promoción de programas de acción social. Es una valiosa oportunidad para intercambiar estandartes y experiencias, articular nuestras actividades formativas, y hacernos partícipes de manera permanente de nuestra producción pedagógica.

Este convenio que firmamos permitirá tender nuevos puentes de cooperación y fortalecer esa relación tan estrecha entre las Provincias de México y Nazaret (Perú, Ecuador y Colombia). Sin duda esta alianza entre la UCC y el ICCE-Nazaret es un vehículo imprescindible para lograrlo.

En la firma de este convenio participaron por parte de la Universidad Cristóbal Colón los Padres José Manuel Asún (Rector), Sergio Fernando Hernández (Vicerrector general) y el sr. Leonardo Pérez, entre otros representantes de la Universidad; y por parte nuestra los Padres Carlos Retana (Representante legal), Juan Carlos Sevillano (Prepósito Provincial), Oswaldo Espinosa (Asistente de Ministerio) y desde Peralta de la Sal (España) Juan Pablo Anduquia (Asistente de Formación Continua) y los miembros que conforman el ICCE- Nazaret.

¡Un futuro pleno de posibilidades y colaboración nos espera!
 
Por: Instituto Calasanz de Ciencias de la Educación
 
Martes, 05 Julio 2022 14:02

CARTA A LOS HERMANOS JUL - AGO 2022

 

Profundizar en nuestra espiritualidad escolapia

Esta es la formulación elegida por nuestro Capítulo General para expresar la primera de las Claves de Vida de la Orden, encuadrada en el así llamado núcleo configurador de la “centralidad de Jesucristo en nuestra vida y misión”.  Son dos las opciones que se nos proponen para la adecuad vivencia de este núcleo: la espiritualidad y la vida comunitaria. Sobre esta segunda escribí el pasado mes; ahora me he decidido a escribiros sobre la primera.

Mi pretensión es muy simple: ofreceros algunos comentarios sencillos sobre algunas de las propuestas y criterios desde los que nuestro documento capitular presenta el reto de profundizar en nuestra espiritualidad escolapia. Vamos allá.

Quiero comenzar destacando que la “profundización en nuestra espiritualidad” es la primera de las Claves de Vida desde las que nuestro Capítulo General definió el “núcleo configurador” del camino que estamos llamados a recorrer en este sexenio y, sin duda, mucho más allá de los límites temporales desde los que un Capítulo General ilumina la vida y la misión de la Orden. No creo que este hecho -la primacía- sea algo insignificante. Por el contrario, lleva consigo un mensaje y marca un camino.

Por eso es bueno empezar por decir algo que, no por repetido, deja de tener su importancia: la espiritualidad cristiana consiste en vivir según el Espíritu, siguiendo los pasos de Jesús. Esta es la definición más breve y concreta que podemos dar de este apasionante desafío. La espiritualidad es un camino de seguimiento del Señor, que se expresa y se vive en el discipulado, como una dinámica vital que nos ayuda a vivir desde Dios y nos abre a obrar en apertura y escucha del Espíritu.

La espiritualidad calasancia radica en el modo en el que nuestro fundador encarnó y asumió ese camino de seguimiento: caminar desde el profundo deseo y aspiración de configurarse con Cristo. La espiritualidad escolapia procede de esa espiritualidad de Calasanz, enriquecida con las diversas respuestas y experiencias que como Orden hemos ido dando a lo largo de los siglos y por los descubrimientos que han ido configurando lo que somos y estamos llamados a vivir, tal y como se expresa en nuestras Constituciones.

Vivimos en un mundo en el que la pérdida de sentido de Dios y el estrechamiento de los horizontes de la humanidad dificultan mucho la comprensión y la vivencia de “lo espiritual” en tantas personas, también entre aquellas que viven y crecen entre nosotros. No está de más que nosotros pensemos si, a pesar de nuestra identidad y de nuestra consagración -quienes somos religiosos- o a pesar de nuestras opciones de vida cristiana y escolapia, necesitamos replantarnos este apasionante reto. Este es el objetivo que nos plantea el Capítulo.

Recuerdo un párrafo del muy conocido libro de Karl Rahner “Cambio estructural en la Iglesia”. El libro tiene 50 años. Pero dice cosas como esta: “Necesitamos una Iglesia de espiritualidad auténtica. Tenemos el riesgo de ser, en el terreno de lo espiritual, hasta un extremo tremendo, una Iglesia sin vida, en la que predomina el ritualismo, el legalismo, la burocracia y un “seguir tirando” con una resignación y un tedio cada vez mayores por los carriles habituales de una mediocridad espiritual”. [1] La vivencia y el cuidado de la espiritualidad es una necesidad de Vida con mayúsculas. Por eso creo que nuestro Capítulo nos desafía certeramente cuando nos llama a “profundizar” en esta dimensión. Una experiencia superficial, descuidada o poco consistente de nuestra espiritualidad agosta y marchita nuestro tesoro e impide que podamos ofrecer a nuestros alumnos y a nuestros jóvenes lo que más necesitan.

Entremos en el contenido del documento y de las Líneas de Avance que nos ofrece. Creo que todo el texto es muy significativo.

1-En primer lugar, se proponen ocho criterios desde los que somos llamados a plantear nuestra espiritualidad. Hay que leerlos con detenimiento, porque indican caminos muy concretos, expresados desde un lenguaje activo y provocador. Hablamos de cultivar, de caminar, de vivir desde proyectos, de sinodalidad, de compartir, de profetizar, de comunión, de ecología integral.

En definitiva, estas son las llamadas que recibimos: vivir la espiritualidad como camino de santidad; cultivar nuestro espíritu de oración; sinodalidad y construcción de comunión y solidaridad; proyectos y opciones que respondan a lo que la Iglesia y el mundo de hoy necesitan de nosotros; compartir nuestro tesoro con la Fraternidad y con las personas que caminan con nosotros; asumir la llamada a ser profetas; vivir desde una ecología integral.

Creo que son criterios ricos, actuales y propositivos, y expresan el deseo-y la opción- de la Orden de escuchar el sentir de la Iglesia y, sobre todo, de los jóvenes.

2-En segundo lugar, el documento nos presenta la opción central de Calasanz, desde la que nuestro santo padre configuró y vivió su espiritualidad: la kenosis. El documento nos refiere a esta experiencia centralmente calasancia. Nos basta con relacionar dos conocidos textos de Calasanz para comprenderlo. “Es un buen principio de la vida espiritual el del propio conocimiento y miseria en la que todos nacemos y también de la ingratitud con que después de tantos beneficios hemos correspondido a Dios”. [2]

Veamos el camino que propone para conseguirlo: “La strada o vía más breve y más fácil para ser exaltado al propio conocimiento y desde él a los atributos de la misericordia, prudencia e infinita paciencia y bondad de Dios es el abajarse a dar luz a los niños, y en particular a los que son como desamparados de todos, ya que por ser oficio a los ojos de todos tan bajo y tan vil, pocos quieren abajarse a él, y suele Dios dar ciento por uno, sobre todo si haciéndolo bien, tuviese persecuciones o tribulaciones en las cuales, si se toman con paciencia de la mano de Dios, se halla el céntuplo de espíritu”[3].

Pienso que es muy significativo que el Capítulo General nos recuerde que la actitud de fondo desde la que podemos profundizar en nuestra espiritualidad es la kenosis, el abajamiento, a imitación del único Maestro.

3-En tercer lugar, nuestro documento destaca algunas de las notas de nuestra espiritualidad que quizá son más necesarias en el mundo de hoy. Este es un bello ejercicio de discernimiento comunitario: ¿Cuáles son las claves de nuestra espiritualidad que hoy son más necesarias y, por lo tanto, más hemos de cuidar y profundizar? ¿Por qué el 48º Capítulo General destaca estas claves, cada una de ellas? Son estas: espiritualidad cristo-céntrica, dócil al Espíritu, atenta a la Palabra, provocadora de servicio, buscadora de comunión, sacramental, mariana, eclesial, orante, conectada con la misión y encarnada en la vida, cultivadora de las virtudes pedagógicas calasancias, dinámica y sustentadora de la misión.

Sería un buen ejercicio comunitario pensar cada una de estas características y tratar de reflexionar, en común, sobre lo que supone para nuestra vida y nuestra comunidad el reto de profundizar en cada una de estas características. No son teóricas, sino provocadoras de nuevas respuestas.

4-Finalmente, el documento capitular propone algunas “Líneas de Acción”. Voy a comentar solamente las tres primeras, aunque no hay duda de que las siete que vienen propuestas tienen una notable carga de renovación.

  1. Cultivar el acompañamiento espiritual. Pienso que la propuesta de vivir espiritualmente acompañados (de modo personal y comunitario) resonó con fuerza en el aula capitular. Es interesante notar los frutos que el Capítulo dice que podemos recibir si así vivimos: “una mejor comprensión de la voluntad de Dios en la propia vida y un mejor conocimiento de nosotros mismos”. No hay duda de que estamos ante una “vía de crecimiento espiritual” que sería muy importante que nuestros capítulos demarcacionales reflexionaran y potenciaran.
  2. Trabajar procesos que enriquezcan nuestra oración personal y comunitaria. El Capítulo afirma que tenemos que cuidar y enriquecer nuestra oración, y que esto supone trabajar aquellos procesos que lo hagan posible. Destaco algunos: el aprendizaje de la meditación, la lectio divina, el cuidado de la celebración eucarística comunitaria, el proyecto personal de vida espiritual, la atención a las devociones que más nos ayudan, los retiros comunitarios, las dinámicas de ejercicios espirituales, la dirección espiritual, etc.
  3. Potenciar nuestra espiritualidad desde el encuentro con los niños y jóvenes, preferentemente pobres. Nuestra espiritualidad se fortalece desde los niños y jóvenes, como le ocurrió a Calasanz. Nuestro fundador ofreció a los niños y jóvenes una manera original y nueva de comprender una de las mayores novedades del anuncio evangélico, que no es otra que la experiencia de que Dios nos ama. Calasanz ofrece a los niños la experiencia de sentirse amados por Dios. A veces no nos damos cuenta de la hondura y de la radicalidad de esta experiencia, profundamente espiritual. El escolapio que se aleja de los niños y jóvenes pierde el contacto con la fuente que asegura su vitalidad. El “alejamiento” es también algo espiritual. Puede haber escolapios que estén todo el día en la misión con los niños, pero espiritualmente lejos de ellos, y escolapios en otros quehaceres no directamente relacionados con el contacto frecuente con los niños y jóvenes, pero profundamente cercanos a ellos y alimentados por este inagotable manantial de vida que emerge de aquellos por quienes Calasanz fundó las Escuelas Pías.

Me gustaría terminar esta carta fraterna con una invitación bien concreta: que en todas nuestras comunidades dediquemos un tiempo a compartir los retos que nos propone esta primera Clave de Vida de la Orden: la espiritualidad escolapia. Estoy seguro de que encontraremos nuevas preguntas y nuevos caminos de seguimiento y fidelidad.

Recibid un abrazo fraterno.

Pedro Aguado Sch.P.
Padre General

[1] Rahner, Karl. “Cambio estructural en la Iglesia”, Ed. Cristiandad, Madrid 1974, pág. 102

[2] San José de Calasanz. Opera Omnia, tomo III, página 328, documento 1339.

[3] San José de Calasanz. Opera Omnia, tomo III, página 235, documento 1236.

 
Tomado de: Scolopi.org
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