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César Pinzon

César Pinzon

"Platero es pequeño, peludo, suave;
tan blando por fuera,
que se diría todo de algodón,
que no lleva huesos.
Sólo los espejos de azabache de sus ojos
son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado
y acaricia tibiamente con su hocico,
rozándolas apenas,
las florecillas rosas, celestes y gualdas...
Lo llamo dulcemente: ¡Platero!,
y viene a mí con un trotecillo alegre,
que parece que se ríe,
en no sé qué cascabeleo ideal».

(Juan Ramón Jiménez)

Hoy hemos empezado una Semana Santa que nunca jamás había sucedido antes. Ni siquiera la primera de todas, aquella que Él vivió, estuvo tan sola, tan recluida, tan confinada. Por el contrario, los Evangelios nos hablan de las multitudes que subían a Jerusalén para celebrar la pascua de los judíos y el relato de la Pasión nos deja ver al gentío pidiendo la cruz para Jesús y contemplando su muerte. Y hoy, en este domingo de dolores y esperanzas, recordamos a los pobres y sencillos, a la pequeña gente, a los niños y muchachos que recibieron a Jesús que entraba triunfal en la ciudad para su muerte. Cortaron ramos de olivo, alfombraron el suelo con sus mantos, llenaron la mañana con sus gritos y alabanzas, tuvieron la loca ilusión de que aquel hombrecito humilde que montaba un burrito era Mesías, era Hijo de David, era presencia viviente de Dios.

«Alégrate, ciudad de Sión:
aclama, Jerusalén;
mira a tu rey que llega:
justo, victorioso, humilde,
montado en un burrito,
en una cría de burra».

(Zacarías 9, 9).

Y el burrito se alegraba, pues creía que era a él a quien vitoreaban los niños.
Un burrito sólo es un burrito y nada más que un burrito.
Un burrito no tiene importancia.
Un burrito no tiene poder.
Un burrito es nadie, es nada.
Un burrito no es un hermoso corcel.
No tiene gracia y donaire en su cabalgar,
ni lo aparejan con lujos ni lo adornan ni enjaezan con gran dignidad.
Un burrito duerme de pie y hace silencio.
Hace silencio hasta que, al cumplirse la hora, rebuzna para avisar del tiempo que pasa.
Tal vez un burrito llevó a Nuestra Señora de Nazaret a Belén.
Quizá fue el burrito sabanero que un niño pobre llevó al portal.
Podría ser el burrito aquel con el que la familia amenazada de muerte viajó a Egipto.
O sería el burrito que los llevó de regreso a Galilea donde todo fue pobreza y humildad.
 
“Poned sobre mi tumba mi nombre.
Y mi apellido: sacerdote.
Y nada más.
Porque jamás he sido ni he querido ser
otra cosa.”

(José Luis Martín Descalzo)

A las cuatro de la tarde del 4 de abril de 1987 sucedió lo más maravilloso que me ha sucedido en mi vida. Era algo que yo aguardaba desde que era un niño, algo que soñé con estilo calasancio desde que escuché contar la historia de ese sacerdote que se entregó por completo a la niñez educándola en Piedad y Letras, algo que marcó las decisiones del adolescente que fui y que creía –creo que aún lo creo– que de esa forma ayudaría a cambiar el mundo, algo que se mantuvo encendido como un fuego ardiente a lo largo de los dificilísimos años de formación, algo que desde entonces ha sido la definición de lo único que he querido ser, de lo único que realmente soy, de lo único que espero seguir siendo. A las cuatro de la tarde del sábado 4 de abril de 1987, en la Parroquia de San José de Calasanz de la ciudad de Medellín, en la víspera del 5º Domingo de Cuaresma, por imposición de manos de Mons. Abraham Escudero, Dios me hizo sacerdote suyo, sacerdote de Cristo –único y verdadero amor–, sacerdote para los niños y jóvenes, sacerdote para anunciar esperanzas, para repartir alegrías, para bendecir a la gente una y otra y otra vez hasta llenar el mundo de bendiciones; sacerdote para ofrecer el perdón gratuito y el pan que realmente calma el hambre de la humanidad; sacerdote para bienvenir a los niños que nos llegan como regalo divino, para acompañar a los enfermos en su dolor y para decir adiós a los que mueren y parten hacia la Eternidad; sacerdote para decir la Verdad aunque cueste, para gritar que se tiene que poder vivir haciendo el bien y para dar testimonio de que la existencia tiene más sentido cuando se gasta por amor a los demás. ¡Ah! Y aquello sucedió no porque yo me lo hubiera ganado ni con mi esfuerzo ni con mis cualidades ni con mis merecimientos. Aquello sucedió porque Él, el Amado, en su infinita misericordia, por su eterno amor, lo apostó todo por mí, como si se pudiera confiar en mí, como si alguien se pudiera apoyar en mí, como si valiera la pena creer en mí. Pero así fue Él, así ha sido su amor, así es nuestro amor.
 
«Siempre hay mil soles
en el reverso de las nubes.»

(Proverbio hindú)

Han ido avanzando estos difíciles días que estamos compartiendo. Si bien aún tenemos el don de la vida y el inmenso privilegio de poder estar en compañía de seres queridos, lo cierto es que este tiempo está resultando muy duro para todos. No sólo por el virus suelto como un asesino silencioso o por la temida penuria económica, sino especialmente por la incertidumbre, temor y zozobra en los corazones.

No estamos en una época fácil. Y no porque los astros no nos favorezcan o porque estemos al comienzo de una pandemia. No lo es, porque la vida nunca es fácil, porque la existencia humana siempre es la lucha contra realidades que nos superan y porque la historia es siempre un desafío. Cada vez que los seres humanos nos tenemos que enfrentar contra realidades adversas, cada vez que tenemos que luchar contra obstáculos aparentemente insalvables, cada vez que nos toca vivir en tiempos de crisis, se pone en juego nuestra grandeza, y la capacidad que tenemos de alcanzar lo imposible. Por todo lo anterior, desearía hacer algunas reflexiones para estos tiempos difíciles que estamos viviendo.

Contrario a lo que tal vez ocurría en otras épocas, esta crisis actual no es una crisis externa a nosotros; no podemos decir que es algo que sucede en una lejana montaña, en zonas apartadas del país o en las casas de los demás. Si algo caracteriza esta crisis, es que nos está golpeando a todos, que está afectando a las personas, las instituciones, las empresas, a las familias de una forma tan radical, que casi nadie puede decir que no está aporreado de alguna manera por la crisis.
 
Miércoles, 01 Abril 2020 20:17

¿Cuándo empezó usted a creer en Dios?

Durante la Visita Canónica General a la Provincia de Hungría tuve la oportunidad de reunirme con numerosos grupos de alumnos de nuestras escuelas. En todas ellas pude dialogar con los alumnos y, en muchos casos, responder a sus preguntas. Quisiera compartir con vosotros una sencilla reflexión al hilo de una de las preguntas más interesantes que me hicieron, y sobre la que todavía estoy reflexionando. Seguir leyendo
 
Tomado de scolopi.org
#MinistrosdelaEsperanza. Ánimo, esperanza no dejen de reunirse, cuenten su historia y compartan en familia.
#Calasanznosmueve #MovimientoCalasanz
#JesúsVive #ViveCalasanz
Miércoles, 01 Abril 2020 20:04

Mensaje P. Daniel Toro a los jóvenes

#MinistrosdelaEsperanza. “Conserva, Señor, mi corazón en paz y unido a Ti. Tú que sueles calmar la tempestad del mar” (José de Calasanz).
#Calasanznosmueve #MovimientoCalasanz
#JesúsVive #ViveCalasanz
Miércoles, 01 Abril 2020 18:47

Encuentro del P. General con los novicios

En la mañana de este miércoles 01 de abril, se reunió el P. Pedro Aguado con los novicios que reciben su formación en el Seminario Calasanz. El encuentro manejó un tono de fraternidad entre ellos, con los temas dirigidos a expresar cómo se sienten ante la crisis de salud que afecta a Colombia y al mundo; sentimientos expresados en relación a la vivencia del noviciado, énfasis del P. General durante el año del noviciado y los retos de los novicios para vivir en la Escuela Pía.
Martes, 31 Marzo 2020 23:25

Mensaje del P. Provincial a los jóvenes

¡Confía, no estás solo! Vivamos nuestra realidad desde el interior de nuestro corazón donde nos acompaña el Señor y donde hace camino con nosotros.
#MinistrosdelaEsperanza. #Calasanznosmueve #MovimientoCalasanz
Martes, 31 Marzo 2020 14:18

Mensaje del P. Alejandro a los jóvenes

#MinistrosdelaEsperanza Esperanza en medio de la dificultad para pensar en los demás.
Este lunes 30 de marzo se han dado cita en Skype los jóvenes formandos de nuestra Provincia, más dos novicios de Brasil y otro de Nicaragua que están realizando este año de formación en el Seminario Calasanz de Bogotá.

El prenoviciado de Quito, el noviciado de El Paraíso en Bogotá, el juniorato, trasladado por estos días de cuarentena al Calasanz Bogotá, y el junior en año de experiencia en Medellín se dieron cita en Skype durante una hora, primero para conocerse entre todos, y luego para compartir su experiencia de etapa formativa de este año, así como la manera en la que están haciendo frente comunitariamente a esta situación de cuarentena.

Entre risas y buen ánimo pudieron conocer la historia vocacional del primer formando escolapio del Perú, lo particular que viven los juniores en año de experiencia, y otros detalles de sus etapas formativas.
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