Salutatio (27)

 
El ministerio escolapio, definido por Calasanz como insustituible, será el tercer núcleo importante que queremos trabajar en el próximo Capítulo General, junto con los dos que han sido objeto de mis anteriores cartas fraternas (“la construcción de la Orden” y “el escolapio que necesitamos”) y el cuarto al que me referiré en la próxima, si Dios quiere (la centralidad de Jesucristo). Dice así Calasanz en el Memorial al cardenal Tonti: “Y entre estas últimas se cuenta la Obra de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, con un ministerio insustituible, en opinión común a todos, eclesiásticos y seglares, príncipes y ciudadanos, y acaso el principal para la reforma de las corrompidas costumbres; ministerio que consiste en la buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro[1]”.

Son diversos los puntos de vista desde los que nos podemos acercar a las claves de nuestro ministerio escolapio. Sin duda que el Capítulo General tendrá la oportunidad de profundizar en varios de ellos. Yo me quiero centrar, en esta breve reflexión, en tres aspectos que me parecen muy importantes.

El primero de ellos es, precisamente, el adjetivo que usa Calasanz para referirse a nuestro ministerio: “insustituible”. He pensado mucho sobre esta afirmación. Y me parece que encierra un significado muy hondo.

Quizá algunas personas puedan pensar que la misión educativa llevada adelante por las Escuelas Pías tiene sentido mientras los Estados no asuman en plenitud el deber de garantizar la educación a las jóvenes generaciones. Según esta opinión, la propuesta de Calasanz nacería con una “mentalidad de suplencia”, hasta que otras instancias asumieran el desafío de la educación.

Nada más lejos de la realidad. Ni Calasanz, ni muchos otros fundadores y fundadoras de Congregaciones religiosas dedicadas a la educación tomaron sus decisiones desde una mentalidad de suplencia. Todo lo contrario. Quisieron dar una respuesta integral a una necesidad integral. Nuestro proyecto educativo nunca dejará de ser imprescindible, porque nunca –ni antes, ni ahora ni en el futuro- será íntegramente asumido por los Estados. La Escuela Escolapia tiene algo más, y lo debe aportar. La Escuela Escolapia debe creer en su proyecto y ofrecerlo sin duda y con convicción, por el bien de los niños y jóvenes. Por eso, es fundamental el trabajo en común de todos los que creemos en esta propuesta educativa. Sólo así irá adelante. Sigue habiendo muchos niños y adolescentes sin escuela, y muchos más que necesitan una escuela que realmente funcione como tal. Y siempre será necesaria una Escuela que evangelice la Educación, que aporte a Cristo, que apueste por el pobre, que huela a Reino de Dios. Esto no lo ofrece ningún currículo oficial.

Calasanz nos enseñó a creer en lo que somos llamados a aportar. Creer no sólo de modo teórico, sino de modo comprometido, como creemos los creyentes. Creer de modo que nos entregamos a aquello en lo que creemos. Creer es trabajar por él, por un proyecto audaz de Escuela Escolapia. Si miedo a las dificultades que puedan surgir.

Creer en el propio proyecto, sin rebajarlo ni disolverlo en el mercado educativo, por responder a las expectativas, y convocar a todos a un proyecto común, liderándolo en la medida en que sea necesario.

Creer en el propio proyecto significa que –aunque debamos saber situarnos en cada contexto- no lo adaptamos a las demandas, sino que lo ofrecemos como algo valioso, pero de modo que pueda ser recibido y acogido. Lo ofrecemos como un servicio humilde, pero con convicción.

Porque creemos, convocamos a este proyecto. El mundo, los niños, los jóvenes necesitan educadores convencidos, necesitan religiosos escolapios, necesitan pastores entregados, necesitan padres de familia convencidos. Convocar es una tarea extraordinaria. No es egocéntrica. No hay nada más comprometido con los seres humanos que llamar a ser educadores. No basta sólo con dar la vida por la educación, hay que buscar a otros que lo hagan después de nosotros. Esta es una de las buenas enseñanzas de Calasanz.

A veces da la impresión de que no tenemos proyecto. O de que nos conformamos con cumplir las exigencias de la legislación de cada país. Hay personas en nuestras instituciones que piensan que lo nuestro aporta muy poca novedad y que, si nos vamos, no pasa nada. Muy al contrario, debemos decir que abandonar una escuela es algo que no nos podemos permitir, o estar en ella sin trabajar por su futuro, por su crecimiento, por su consolidación.

Hay un segundo punto de vista desde el que quiero referirme a nuestro ministerio, y no es otro que el contexto provocado por el Papa Francisco al convocar a toda a toda la sociedad a “Reconstruir el Pacto Educativo Global”.

Desde el momento en el que el Papa nos convocó a este formidable desafío estoy colaborando en algunos equipos de trabajo, sobre todo desde la coordinación de las respuestas que podamos dar las diversas Congregaciones religiosas que nos dedicamos a la educación. Quisiera ofrecerles una síntesis de lo que está en juego en este tema del PACTO EDUCATIVO GLOBAL.

Como punto de partida, el Papa piensa que hay que “reconstruir” el pacto educativo, porque hay fracturas importantes que debemos reconocer y afrontar, especialmente tres: entre la persona y Dios; de las relaciones humanas en su diversidad (la relación con quien es diferente a mí) y de la persona con la naturaleza. Estas tres fracturas sólo se pueden superar desde la educación. Por eso es necesario un pacto global que las aborde y que nos permita luchar por un mundo diferente.

El itinerario desde el que se aborda este trabajo de reconstrucción del PACTO EDUCATIVO GLOBAL prevé diversos encuentros y foros de reflexión, la definición de algunos núcleos centrales desde los que articular el proceso del Pacto, y unas opciones preferenciales desde las que avanzar. Dejo de lado la referencia a los diversos encuentros, cuyas informaciones son públicas y al alcance de todos, y me refiero a los núcleos y a las opciones.

Han quedado claros los cuatro núcleos centrales desde los que se quiere trabajar: dignidad humana y derechos; ecología integral desde la óptica de Laudato Si’; paz y ciudadanía; solidaridad y desarrollo. Han quedado también claras las tres opciones desde las que impulsar todo el proceso en estos núcleos. Son tres: poner la persona en el centro; impulsar todos los procesos que ayudan a crecer a la persona; educar en el servicio al bien común de todos los seres humanos.

Pienso que no estamos ante una serie de eventos más o menos interesantes, sino ante un proceso formidable de repensar la educación y situarla en su lugar, como la clave de un mundo mejor, de una sociedad más justa y fraterna. Para nosotros, escolapios, hijos e hijas del fundador de la escuela popular cristiana, es fácil comprender este proceso, porque llevamos cuatro siglos trabajando en él y porque sabemos desde el inicio de nuestra historia escolapia que “si desde la infancia el niño es imbuido diligentemente en la piedad y en las letras, puede preverse, con fundamento, un feliz transcurso de toda su vida[2]”, y que “de la esmerada educación de los niños depende la reforma de la sociedad[3]”. Por eso nuestro ministerio es “insustituible[4]”. Calasanz lo expresó de manera sublime en uno de los párrafos más conocidos de su Memorial al Cardenal Tonti: “Muy meritorio, por establecer y poner en práctica con plenitud de caridad en la Iglesia, un remedio preventivo y curativo del mal, inductor e iluminador para el bien, destinado a todos los muchachos de cualquier condición -y por tanto a todos los hombres, que pasan primero por esa edad- mediante las letras y el espíritu, las buenas costumbres y maneras, la luz de Dios y del mundo…[5]

Me gustaría convocarles a todos a formar parte de este desafío propuesto al mundo por el Papa Francisco. Estemos atentos al proceso y busquemos nuestros mejores modos de participar en esta tarea universal consistente en reconstruir el pacto educativo global. Estamos ante un reto que ya fue iniciado -proféticamente- por Calasanz, y en el que hoy podemos y debemos seguir dando lo mejor de nosotros mismos. Sabemos que la situación actual no es fácil. Pero por eso es más urgente.

Y el tercer aspecto desde el que quiero acercarme a la reflexión sobre nuestro ministerio tiene que ver con algunas apuestas que tenemos planteadas como Orden y en las que debemos profundizar. Son unas cuantas, pero me voy a referir solamente a cinco de ellas.

La primera es sostener nuestras escuelas. Hay que ser realistas: tenemos escuelas en crisis. La pandemia del COVID-19 ha provocado una situación en la que para algunas de nuestras escuelas no está garantizada la sostenibilidad. Esta es la realidad. Nos va a tocar recorrer un camino difícil, en el que deberemos tomar decisiones complicadas, para poder sostener algunas de nuestras escuelas hasta que la situación mejore y podamos volver al estado anterior a la pandemia, y si es que podemos. Tenemos que hablarnos unos a otros con claridad, pero debemos también animarnos a luchar, como Orden, por nuestras obras. Las cosas no están fáciles, sobre todo en algunos contextos que han sufrido especialmente la pandemia, como nuestras provincias americanas. Hace unos meses no se me hubiera ni siquiera planteado esta apuesta de “sostener las escuelas”. Pero el escenario que tenemos nos obliga a tenerlo muy en cuenta.

Hay una segunda apuesta, apasionante, que estamos haciendo en relación con nuestro ministerio: el proceso sinodal y el Movimiento Calasanz. El Sínodo Escolapio que estamos viviendo y el trabajo sostenido por consolidar el Movimiento Calasanz en el conjunto de las Escuelas Pías nos está abriendo nuevas “ventanas de misión” y nos está planteando nuevos desafíos. Seguro que nuestro Capítulo General, que contará con la presencia de algunos jóvenes en los últimos días de trabajo, nos dará pistas sobre todo ello. Entre esos desafíos, podemos citar algunos que ya aparecen con fuerza: qué tipo de escolapios necesitan los jóvenes de hoy; qué propuestas de corresponsabilidad en la misión debemos construir con los jóvenes; qué testimonio debemos ofrecerles; qué calidad en las claves del Movimiento Calasanz debemos garantizar; qué dinamismos vocacionales debemos impulsar; qué procesos de fe podemos y debemos acompañar, etc.

La tercera apuesta tiene que ver con la innovación educativa en nuestras plataformas educativas. Aquí estamos trabajando todos. Sólo quiero poner nombre a la principal preocupación que percibo entre los responsables de nuestro ministerio: innovación, sí, pero desde lo que somos, desde nuestra identidad. Este es el reto de las Escuelas Pías. Estamos inmersos en un proceso de profunda innovación. Somos conscientes de que nada puede ser igual durante mucho tiempo, y que debemos saber situarnos en el mundo en el que vivimos y en el que vendrá. Sabemos que la verdadera escuela es la que prepara a sus alumnos para saber vivir en un mundo que todavía no existe, pero les capacita para poder crearlo y transformarlo. Por eso creemos en la innovación. Pero una verdadera innovación, desde la perspectiva de la que estamos hablando, sólo se puede hacer partiendo de la identidad propia e irrenunciable de lo que somos y determinando, con certero discernimiento, cuáles son los vectores esenciales desde los que queremos innovar nuestra escuela. Después, determinados los vectores de cambio, vendrán los métodos y los recursos.

La cuarta apuesta nos viene planteada directamente por el propio proceso del Pacto Educativo Global, y podemos sintetizarla así: educar para la ciudadanía global, con una fuerte inspiración en las propuestas de la encíclica Laudato si’ del Papa Francisco. Incluso hay un concepto que ya se empieza a acuñar, y es el de eco-educación. Nuestras escuelas tienen un proyecto educativo claro, basado en el Evangelio. Sabemos lo que queremos. Lo hacemos conocer. Tratamos de que sus claves impregnen el quehacer diario de los educadores. Buscamos que sea conocido por las familias. Lo convertimos en propuestas educativas desafiantes para nuestros alumnos, y tratamos de acompañar adecuadamente su proceso de crecimiento integral como personas. Pues bien, a esta necesidad de tener un proyecto claro, asumido y compartido, debemos sumar hoy una certeza muy clara: entre los ejes de este proyecto debe estar el desafío de educar para una ciudadanía global y en la conciencia de la importancia de la ecología integral. Esta apuesta debe ser eje central de nuestro proyecto, si queremos ser fieles a lo que la Iglesia nos plantea y a lo que necesita nuestro mundo: jóvenes comprometidos con la construcción de un mundo mejor, para ellos y para las futuras generaciones.

Y la quinta apuesta a la que me quiero referir es profundamente calasancia, y Nuestro Santo Padre la dejó escrita en sus Constituciones: cuidar, con esmero, nuestra misión. El texto de Calasanz es bellísimo: “Si nuestra Obra se lleva a cabo con el esmero debido, es indudable que continuarán las insistentes peticiones de fundación en numerosos estados, ciudades y pueblos, como se ha venido comprobando hasta el presente[6]”. Nuestro ministerio debe ser vivido así: con cuidado y esmero diario. Clase a clase, reunión a reunión, proyecto a proyecto, alumno a alumno, día a día, todos los días. Sólo así vivimos en fidelidad la vocación escolapia. Es bueno recordarlo de vez en cuando. Para nosotros no hay calidad sin entrega.

Recibid un abrazo fraterno.

Pedro Aguado Sch. P.
Padre General

[1] San José de Calasanz. Memorial al Cardenal Tonti. Opera Omnia, tomo IX, página 302
[2] San José de Calasanz. Constituciones de la Congregación Paulina, 2
[3] San José de Calasanz. Constituciones de la Congregación Paulina, 175
[4] San José de Calasanz. Memorial al cardenal Tonti. Opera Omnia, tomo IX, página 302
[5] San José de Calasanz. Memorial al cardenal Tonti. Opera Omnia, tomo IX, página 303
[6] San José de Calasanz. Constituciones de la Congregación Paulina, 175.
 
Tomado de: Scolopi.org
Calasanz dio comienzo a sus Constituciones, escritas hace ahora 400 años, incluyendo una frase que los escolapios de todas las generaciones aprendían de memoria: “Spiritu Sancto duce”. La Congregación General ha decidido que nuestro 48º Capítulo General sea convocado bajo este lema tan querido por el santo fundador: “Bajo la guía del Espíritu Santo”.
Interculturalidad e Inculturación

Como todos sabéis, el pasado mes de febrero llevamos adelante en Roma un “seminario de trabajo” sobre dos dinamismos fundamentales en la vida de la Iglesia y, por lo tanto, de las Escuelas Pías: la interculturalidad y la inculturación. En pocas semanas se publicarán todos los documentos que allí se trabajaron. Quisiera aportar un pequeño grano de arena a nuestra reflexión, con esta carta fraterna.

Tomado de Scolopi.org
Reiniciar

Queridos hermanos, escribo esta carta fraterna desde Roma, después de tres meses de confinamiento en la comunidad escolapia de Santander (Provincia Betania), a la que desde aquí reitero mi agradecimiento por su acogida y por su paciencia. Estas semanas (o meses) están siendo para todos nosotros muy especiales y diferentes, y posiblemente sus consecuencias -que todavía no conocemos con claridad- nos seguirán afectando durante bastante tiempo. Probablemente las cosas serán diferentes después del COVID-19. Sin duda, estamos ante un nuevo momento., que nos desafía fuertemente. Por eso he querido titular esta carta con el lema que el Equipo General del Movimiento Calasanz ha propuesto para el nuevo curso: REINICIAR.

Tomado de Scolopi.org
Quiero dedicar esta carta fraterna a uno de los temas más significativos del mensaje del Papa Francisco a los religiosos. Si vais siguiendo sus palabras, dirigidas a los religiosos y religiosas de todo el mundo, en diversas situaciones y contextos, comprobaréis que hay un asunto que le preocupa, y mucho, cuando habla de la Vida Consagrada: el desafío de la mundanidad. Seguir leyendo...
 
Tomado de Scolopi.org
Durante la Visita Canónica General a la Provincia de Hungría tuve la oportunidad de reunirme con numerosos grupos de alumnos de nuestras escuelas. En todas ellas pude dialogar con los alumnos y, en muchos casos, responder a sus preguntas. Quisiera compartir con vosotros una sencilla reflexión al hilo de una de las preguntas más interesantes que me hicieron, y sobre la que todavía estoy reflexionando. Seguir leyendo
 
Tomado de scolopi.org
A LA ORDEN DE LAS ESCUELAS PÍAS - LA GRACIA Y LA PAZ DE DIOS, NUESTRO PADRE

Les escribo esta carta en medio de la crisis que estamos viviendo a causa de la pandemia que afecta a nuestro mundo. Y lo hago en este tercer domingo de Cuaresma, en el que la Palabra de Dios llega a nuestros corazones, de la mano del diálogo de Jesús con la mujer samaritana, para recordarnos dónde está la fuente de la Vida, de la Vida plena.

Tomado de: Scolopi.org
Kiblawan

Tal vez bastantes de vosotros os habréis sorprendido del título de esta salutatio, porque “Kiblawan” no es una realidad muy conocida en la Orden. Pero lo que he visto allí en mi última visita me anima a compartir con todos vosotros los acontecimientos escolapios que allí estamos viviendo.

Tomado de: Scolopi.org
Un “no sé qué que qué sé yo”. El alma de nuestras escuelas

Durante la Visita Canónica General que hice a las presencias de Venezuela, una de las miembros del Consejo Técnico de nuestro colegio “Cristo Rey” de Carora pronunció de manera espontánea una frase que a todos nos hizo reír pero que es muy profunda. Yo le dije que iba a escribir una Carta a los Hermanos titulada con la misma expresión. Estábamos hablando de las cosas buenas del colegio, y dijo que, para ella, el colegio tiene “un no sé qué que qué sé yo” que hacía que ella se sintiera en él como en su casa.

Tomado de: Scolopi.org
Comprar un terreno cuando todos se van…

Tal vez os sorprenda el título de esta carta porque, sin duda, es bastante extraño. Está inspirado en el pasaje bíblico de Jeremías 32, en el que Dios le pide al profeta que compre un terreno cuando Jerusalén está a punto de caer en manos de los caldeos y todo el pueblo partirá al exilio a Babilonia. ¿Es normal comprar un terreno, algo que indica la voluntad de permanecer, cuando el ejército enemigo está a punto de tomar posesión de todo el país? Pues Jeremías, fiado en la palabra del Señor, compra ese terreno.

Tomado de: Scolopi.org
Queridos hermanos, os ofrezco una segunda reflexión sobre el Sínodo de los Jóvenes, esta vez teniendo muy presente todo lo que vivimos y trabajamos en Oaxaca, durante la Asamblea General del Sínodo Escolapio de los Jóvenes, así como la Exhortación Apostólica “Christus Vivit” (ChV), del Papa Francisco. Os invito a todos a leer la exhortación y a estudiar las propuestas que los jóvenes hacen a las Escuelas Pías, contenidas en el documento aprobado en Oaxaca y que está disponible en la web del “Piarist Synod”. Vale la pena entrar a fondo en esta reflexión.

Tomado de: Scolopi.org

Del Capítulo a la Vida

Durante el último año hemos celebrado todos los Capítulos Locales y Demarcacionales de la Orden. El “tiempo capitular” terminó en mayo de este año 2019. A lo largo de estos meses, la Congregación General está reuniéndose con las nuevas Congregaciones elegidas en los Capítulos, con el fin de compartir con ellas los planes y proyectos del cuatrienio; en definitiva, la acogida de sus propios procesos capitulares.

Tomado de: Scolopi.org

Seguimos construyendo Escuelas Pías

Como todos sabéis, estoy en plena Visita Canónica General. Más o menos en la mitad del trabajo. Ya he visitado Betania, Austria, Italia, África del Oeste, Estados Unidos- Puerto Rico, Californias, Brasil-Bolivia, Centroamérica-Caribe, Chile y Japón-Filipinas. La visita de algunas de estas demarcaciones aún no está terminada, pero vamos poco a poco.

Tomado de: Scolopi.org

Lo que hicisteis con un hermano mío, de esos más pequeños, conmigo lo hicisteis

Como todos sabéis, como miembro del Consejo Ejecutivo de la Unión de Superiores Generales tuve la oportunidad de participar en la asamblea de presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo, convocada por el Papa Francisco para abordar la “plaga de los abusos sexuales, de poder y de conciencia” que han acontecido en la Iglesia. Una asamblea necesaria, oportuna y clarificadora.

Tomado de: scolopi.org

Salgamos, salgamos a ofrecer, a todos, la vida de Jesucristo

Recientemente, la Congregación General ha puesto en marcha un nuevo proyecto, al que hemos llamado ESCUELAS PÍAS EN SALIDA. Todos habéis recibido diversa documentación al respecto, de modo que no creo que sea necesario que yo lo vuelva a explicar en esta carta fraterna.
 
Tomado de: scolopi.org

Invitación al discernimiento

Una de las cosas que quedaron más claras en la reciente asamblea sinodal sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional es que el citado Sínodo no es un acontecimiento puntual, sino un proceso. Estamos en proceso sinodal, y en las Escuelas Pías esto es especialmente claro desde la dinámica que estamos impulsando en el Sínodo Escolapio de los Jóvenes.

Tomado de: scolopi.org

La “cultura de la Orden”

Todas las Órdenes y Congregaciones religiosas tienen su “cultura”, su manera de proceder, sus dinamismos más o menos consolidados que funcionan de modo sistemático y que condicionan o definen su vida, su organización y sus procesos. Es bueno ser conscientes de ello, para valorar lo que es bueno, pero también para discernir lo que quizás necesitemos cambiar.

Tomado de: scolopi.org

En la Iglesia de Dios…

Como todos sabéis, la Congregación General ha planteado al conjunto de las Escuelas Pías la propuesta de acoger, como llamada y desafío, tres acontecimientos eclesiales que marcan profundamente la vida de la comunidad cristiana: las canonizaciones de San Pablo VI y San Óscar Romero, y el Sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Deseamos que estos tres acontecimientos nos ayuden a discernir, como escolapios, en torno a tres grandes retos calasancios: la evangelización, los pobres y los jóvenes.

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