Salutatio (38)

 

A lo largo del próximo año 2022 vamos a vivir un nuevo Año Vocacional Escolapio. Ha sido convocado por la Congregación General en el marco de la celebración del 400º aniversario de la constitución de las Escuelas Pías como Orden religiosa de votos solemnes y de la aprobación de las Constituciones escritas por San José de Calasanz. Estos aniversarios marcan la consolidación de la vocación religiosa y sacerdotal escolapia y expresan profundamente su valor y su significatividad, acrisolada por tantos años de historia. Pienso que dedicar un año a profundizar en nuestra vocación y a encontrar nuevos modos de sembrarla, promoverla, acogerla y acompañarla es algo muy valioso y necesario. Como todo lo que hacemos, este Año Vocacional lo queremos vivir en profundo compromiso con nuestra Misión. Somos para ella y convocamos para ella.

Hace diez años (en 2012) también celebramos un Año Vocacional. Como el actual, también aquél lo convocamos y vivimos inspirados en la figura de Glicerio Landriani. Renovamos hoy nuestra acción de gracias a Dios por la venerable figura de este joven escolapio, y como entonces, seguimos orando para que su santidad y ejemplo de vida puedan ser finalmente reconocidas por la Iglesia. Que Glicerio Landriani, patrono del Movimiento Calasanz, siga inspirando todo lo que podamos vivir en este Año Vocacional. No dejéis de visitar la página web que hemos abierto como aporte a su proceso de canonización.

Decía que hace diez años celebramos otro Año Vocacional. Los frutos que se nos concedieron en ese año no fueron pocos, y tuvieron que ver con muchas decisiones relativas a los equipos vocacionales, a los proyectos de Pastoral Vocacional, a la elaboración de materiales, al crecimiento en nuestra conciencia de que la Pastoral Vocacional a la Vida Religiosa Escolapia es una tarea esencial y prioritaria para todos cuantos formamos parte de las Escuelas Pías. No hemos convocado este Año Vocacional con los mismos objetivos que nos planteamos hace diez años porque, gracias a Dios, no estamos en la misma situación. Hemos caminado bastante. Sigue siendo válido el objetivo que nos propusimos, y que se podía sintetizar como un “hacer las cosas mejor”, pero creo que en este momento de nuestro proceso debemos saber dar nombre a nuevas metas y desafíos. Quisiera proponeros algunos, siempre de modo sintético, porque cada uno de ellos daría para una carta específica, y algunos para un libro. Vamos allá.

1. Una espiritualidad de “construcción de la Orden”. Me lo habéis oído muchas veces, pero quiero seguir insistiendo, porque pienso que estamos ante un tema central. Las Escuelas Pías no son un fin en sí mismas; son un instrumento del Reino. Pero un instrumento muy valioso. En ocasiones se nos olvida que trabajar por la construcción de la Orden, y hacerlo en este aspecto tan esencial como el de la incorporación de nuevos jóvenes que quieran dar su vida como religiosos y sacerdotes escolapios, es una manera formidable de hacer que las Escuelas Pías puedan seguir ofreciendo su aportación al impulso del Reino de Dios.

No basta con dar la vida por la Misión. Hay que construir la Orden. Si Calasanz “sólo” hubiera dado su vida por la Misión, no estaríamos aquí ninguno de nosotros. Calasanz se entregó a la Misión y construyó la Orden, porque comprendió que era fundamental para la misión que asumió como vocación. Creo que estamos ante un reto espiritual, un desafío que tiene que ver con nuestro modo de comprender nuestra vocación. Sacar todas las consecuencias de esta manera de pensar se convierte un riquísimo camino de discernimiento y de enriquecimiento de nuestro modo de vivir, de trabajar y de decidir. Hemos de hacer que esta “espiritualidad de construcción de Escuelas Pías” impregne todas las facetas de nuestra vida. Y hemos de hacerlo por razones misioneras, porque no hay nada más apostólico que convocar a ser apóstoles.

2. Pluralidad y Prioridad. Estamos bendecidos por el precioso don de la pluralidad vocacional escolapia. Han ido naciendo modos diversos de “vivir lo escolapio”, todos ellos valiosos, todos ellos necesarios, todos ellos complementarios. Poco a poco vamos dando nombre a estas vocaciones, y las vamos consolidando con el esfuerzo fiel y creativo de quienes las viven. Damos gracias a Dios no sólo por la diversidad, sino también por la calidad y significatividad de estas nuevas vocaciones, llamadas a enriquecer el don carismático de Calasanz. Pero la diversidad no está reñida con la claridad de que hay una vocación específica que debe ser propuesta, trabajada y comprendida como una prioridad. La vocación religiosa escolapia se basa en la preciosa intuición de “darlo todo”. Todo. Es una respuesta de totalidad. No es mejor ni peor que otras respuestas. Todas son necesarias. Pero la base está en el deseo de totalidad. Sólo hay un amor, sólo hay un centro, sólo hay un deseo. Y eso está en el núcleo de la vida consagrada y, sin duda, en el alma de cada uno de los jóvenes que se plantean la vocación religiosa escolapia.

Deseo repetir algo que ya dije en otra carta fraterna: Dios llama a cada uno desde vocaciones diferentes. Y cada una es plenamente valiosa, porque es la que Dios ha inspirado en su alma. Pero son diferentes. Y la vida religiosa siempre ha tenido, tiene y tendrá un plus, que está en su raíz: dar toda la vida sin reservarme nada para mí; amar totalmente a Cristo y la misión, sin otros amores maravillosos, buenos y santos; confiar plenamente, sin buscar ser el dueño de tu propia vida; buscar vivir libre para la misión, sin más ataduras que tu propia vocación y sus consecuencias. La decisión vocacional sobre el seguimiento de Cristo no es el resultado de una elección en el “shopping” de alternativas vocacionales, todas ellas diversamente iguales y expuestas en el escaparate a modo de una lista de “opciones para elegir”, sino el resultado de una experiencia honesta de búsqueda del querer de Dios para tu propia vida, sin miedo a encontrar en el fondo de tu alma que Dios te está pidiendo “todo”.

3. Ahondar en la dinámica vocacional del Movimiento Calasanz. El Movimiento Calasanz es uno de los tesoros de la Orden. En su seno viven y crecen nuestros niños y jóvenes, en un formidable proceso comunitario, formativo y misionero. Tenemos que seguir reflexionando sobre el impulso de la dimensión vocacional de este proceso pastoral. Es cierto que el proceso, en sí mismo, busca que cada uno de los jóvenes que lo viven encuentre su vocación cristiana. Eso está claro y creo que bien comprendido. Pero creo que el Movimiento Calasanz tiene dentro de sí muchas más potencialidades que descubrir, que tienen que ver con el proceso de discernimiento vocacional de nuestros jóvenes. Propongo al equipo coordinador del Movimiento Calasanz, y a los equipos provinciales y locales, que abran una nueva página en el proyecto que animan, enfocada al impulso de lo vocacional.

4. Espacios privilegiados de búsqueda vocacional. Todo el trabajo educativo y pastoral que hacemos es vocacional. Pero creo que hay algunos espacios que son especialmente privilegiados para que el corazón generoso de un joven se encuentre de modo significativo con la llamada de Dios. Me gustaría sugerir sólo tres, a modo de ejemplo: la experiencia con los pobres, la oportunidad de espacios intensos de oración y la alegría de la comunidad. Creo que nuestros jóvenes necesitan vivir estas tres claves de vida cristiana en su búsqueda vocacional. Tener la experiencia de trabajar en situaciones de pobreza y marginalidad, recibiendo de las personas con las que te encuentras tantas preguntas y tantas miradas; tener la oportunidad de unos ejercicios espirituales en los que puedas orar con intensidad y paz, dejando a Dios entrar en tu vida, tantas veces ocupada por muchas otras preocupaciones; sentir la acogida y escucha de la comunidad escolapia, compartiendo con los escolapios su alegría, su vida y sus sueños, y hacer todo esto de modo acompañado y progresivo, son “oportunidades de Dios”. Dios se manifiesta libremente, pero normalmente no lo hace en una vida dispersa o lineal. La pregunta por la totalidad surgirá de experiencias de totalidad. La pregunta por la vida religiosa podrá brotar de experiencias de misión, de consagración y de comunión. Por esto propongo estos tres espacios privilegiados de llamada vocacional.

5. Propuestas de “quiebre vocacional”. En esta línea, me atrevo a proponer que reflexionemos sobre la posibilidad de proponer a los jóvenes “opciones de quiebre vocacional”. Obviamente, estoy pensando en aquellos jóvenes que manifiestan verdadero interés y apertura vocacional, aunque no tengan clara la manera concreta en la que se sienten llamados a vivirla. Proponer experiencias que rompan la linealidad y la igualdad de propuestas para todos se me antoja como algo que tenemos que saber plantear. Y hacerlo en las tres direcciones señaladas en el párrafo anterior o en otras que consideremos valiosas.

6. Parroquias Escolapias y Cultura Vocacional. Estamos en pleno proceso de puesta en marcha de la Red de Parroquias Escolapias. Estoy muy satisfecho con el camino que estamos recorriendo, que ya ha realizado la primera asamblea general de todos los miembros de esta “red de parroquias”. Sé que, poco a poco, se irán incorporando nuevas parroquias a esta red fraterna y misionera que busca dotar a nuestras parroquias de una mayor identidad calasancia. Pues bien, quisiera proponer a los miembros de esta Red que opten por trabajar a fondo la Cultura Vocacional en el seno de sus parroquias y en la propia red. Creo que este campo está todavía muy inexplorado en muchas de nuestras parroquias, y será muy bueno trabajar sobre él.

7. Ampliar nuestra presencia eclesial. Somos una Orden muy plural, y esto es bueno. Hay realidades diversas entre nosotros en el tema de cómo somos conocidos en la Iglesia y en la sociedad. Pero creo que podemos decir que necesitamos estar más presentes en diversas realidades eclesiales de nuestros países, y que cuando esto funciona bien siempre aparecen jóvenes que se sienten interpelados por una vocación como la nuestra. Es importante que las Iglesias particulares trabajen por la generación de vocaciones como la escolapia, y sólo lo harán si nosotros lo impulsamos y lo provocamos de modos diversos. No es ajeno a este desafío nuestro contacto con parroquias y movimientos juveniles, nuestra presencia en ámbitos universitarios o nuestra participación valiosa y significativa en las redes sociales.

8. Discernir y detectar los giros que debemos dar a nuestros proyectos. Todas las Provincias tienen un Proyecto de Pastoral Vocacional. Creo que este es uno de los frutos más valiosos del Año Vocacional de 2012. Pero sigue siendo necesario trabajar sobre estos proyectos. Necesitamos seguir reflexionando sobre los “giros” que podemos y debemos dar a nuestras planificaciones, materiales y actividades, por muy consolidadas que estén. Mantengamos el dinamismo de revisión y enriquecimiento de nuestros planes y proyectos, y compartamos los nuevos pasos que demos con el equipo de la Orden encargado de la Pastoral Vocacional.

9. Saber acompañar la decisión final de los jóvenes que viven el acompañamiento vocacional. Los responsables de Pastoral Vocacional conocen bien esta experiencia. Jóvenes que han vivido con interés y constancia el proceso de acompañamiento vocacional, cuando llega el momento de la decisión final y de dar el paso a iniciar el proceso formativo en nuestras casas, se echan atrás y no dan el paso. En ocasiones por presiones familiares o del contexto en el que viven, o por dificultades que pueden ser acompañadas, tenemos jóvenes que “al final no entraron”. Posiblemente siempre va a ocurrir esto, pero podemos y debemos plantearnos cómo acompañar estos momentos finales y -también- cómo saber esperar de modo disponible y acompañado un replanteamiento vocacional de un joven que en su momento no dio el paso, pero nunca lo descartó del todo.

10. Oración por las vocaciones. Nuestras comunidades oran por las vocaciones escolapias. Esto es claro y bueno. Lo valoro y lo admiro. Pero hay pasos que todavía no hemos dado, como, por ejemplo, la oración por las vocaciones escolapias pública, comunitaria y frecuente en todos los ámbitos de nuestra vida y misión. Hemos de orar por las vocaciones con los niños, con los jóvenes, con las familias, con los educadores, con los muchachos del Movimiento Calasanz. Hemos de trabajar para que la conciencia de que nuestros niños y jóvenes necesitan escolapios sea cada vez más clara y madura. Creo que este puede y debe ser también un buen fruto del nuevo año vocacional.
Me quedo aquí, con estas diez aportaciones. Pero no quiero terminar sin invitaros a continuar la reflexión, y a dotar a este Año Vocacional de toda la riqueza que podamos ofrecer y todo el esfuerzo compartido que podamos realizar. Nunca olvidemos que la mies es abundante y los braceros pocos; roguemos al dueño de la mies que envié obreros a su mies.

Recibid un abrazo fraterno.

Pedro Aguado Sch.P.
Padre General

 
Tomado de: Scolopi.org

Escribo esta carta fraterna poco antes de salir de viaje hacia México, para participar en el 48º Capítulo General de nuestra Orden. Llevamos tiempo esperando este Capítulo, que tuvo que ser aplazado varios meses a causa de la situación sanitaria que vivimos. Finalmente, si no hay novedad, podremos celebrarlo, siempre teniendo en cuenta las normas de prudencia natural que nos ayuden a vivirlo con la mayor seguridad posible para todos los participantes.

Quisiera compartir con todos vosotros unas sencillas reflexiones sobre lo que significa para nosotros celebrar y acoger el Capítulo General. Quiero referirme al contexto en el que lo celebramos, al reto de acogerlo -posteriormente- en la vida cotidiana de las Escuelas Pías, y a algunas de las grandes cuestiones que a las que dedicaremos nuestro trabajo

CONTEXTO

Es imposible recoger todas las “claves de contexto” que definen el momento en el que celebramos el Capítulo General, pero sí que es posible citar algunas -a título de ejemplo- que son especialmente influyentes.

No hay duda de que, desde el punto de vista eclesial, hay una serie de llamadas a las que podemos y debemos ser especialmente sensibles. Entre ellas, las siguientes: la reconstrucción del Pacto Educativo Global a la que nos llama el Papa Francisco; la invitación a trabajar por una Iglesia sinodal, desde las claves de la participación, la comunión y la misión; las propuestas de “Laudato Si’” y de “Fratelli tutti”; la acogida del pobre, del diferente y del migrante, o la llamada a un renovado impulso de la Pastoral con Jóvenes en la línea de “Christus vivit”. Todas ellas, y muchas más, son opciones que la Iglesia nos propone y que las acogemos desde el centro de nuestro carisma.

Socialmente está bastante claro que el contexto provocado por la pandemia que vivimos debe ser tenido muy en cuenta por nuestro Capítulo. No sólo por las consecuencias que está provocando, sino porque está poniendo de manifiesto diversos desafíos que estaban presentes antes del COVIV-19 pero que la pandemia ha contribuido a explicitar: temas relacionados con los desafíos educativos de nuestro mundo; la necesidad de una ecología integral; la sostenibilidad económica de nuestra misión; la atención a las búsquedas de una “vida con sentido” por parte de los jóvenes, etc. La post-pandemia, que aún quizá no ha comenzado, necesita ser bien analizada y discernida.

Y en nuestro pequeño contexto escolapio también hay puntos de atención muy significativos: la celebración del 400º aniversario de la elevación de las Escuelas Pías a la categoría de Orden religiosa de votos solemnes y de la aprobación de las Constituciones escritas por San José de Calasanz son datos especialmente significativos para nosotros, pero hay más: el Año Vocacional, la necesidad de redefinir prioridades para nuestras “claves de vida”, el proceso de consolidación, reestructuración y expansión que vivimos; el desarrollo del nuevo “sujeto escolapio”, o la experiencia de la apertura de nuevos modos de relación y de construcción de “vida de Orden” a través de las posibilidades tecnológicas, etc.

ACODIDA

Todos sabemos que un Capítulo General necesita tiempo para ser comprendido, recibido y acogido en una realidad tan amplia y plural como la nuestra. Pero, si lo sabemos hacer, estos dinamismos se van produciendo poco a poco, y terminan por marcar dirección. Esta es una de las grandes virtualidades de los Capítulos Generales: señalan el horizonte al que deseamos tender y el caminoque podemos recorrer.

Yo he podido participar en cuatro Capítulos Generales (1997, 2003, 2009 y 2015). Estoy seguro de que cada uno de nosotros tiene una memoria propia de estos Capítulos (y de los anteriores, aquellos que los hayan vivido). Me gustaría compartir la mía con vosotros, para ilustrar lo que significa acoger un Capítulo y avanzar por los caminos trazados por él.

Los Capítulos trabajan y reflexionan sobre muchos temas, analizan la realidad, elaboran planificaciones, aprueban o no proposiciones y propuestas. Pero cada uno de ellos hace algunas aportaciones significativas, que son las que terminan marcando línea y renovando nuestras Escuelas Pías. Voy a poner algunos ejemplos de los capítulos en los que he participado.

El Capítulo General de 1997 aprobó un documento muy significativo: “El laicado en las Escuelas Pías”.Este documento ha marcado decisivamente -y continúa haciéndolo- la vida de las Escuelas Pías. Aquel Capítulo General consolidó el camino compartido entre religiosos y laicos, presentó las modalidades diversas desde las que el laicado participa en la vida y misión escolapias, marcó itinerarios, inspiró directorios, y orientó todas las decisiones y opciones desde las que las Escuelas Pías han transformado profundamente su propia realidad. Sin este documento, y sin esta decisión capitular, no estaríamos donde estamos. Y todavía hoy seguimos acogiendo este documento, porque sigue siendo necesario trabajarlo en todas nuestras demarcaciones y presencias.

El Capítulo General de 2003, además de aprobar un documento institucional muy valioso (lo tituló “Desde Cristo” y supuso un subrayado muy fuerte de lo que significa para nosotros buscar la centralidad de Cristo en nuestra vida, tema que será especialmente trabajado en el Capítulo General de 2022) dio a luz dos documentos institucionales muy importantes que, sin mucho “protagonismo público”, nos han ayudado decisivamente en estos años. Hablo del Directorio de Economía (“Gestión de los bienes económicos”) y el documento sobre el Ministerio Escolapio (“Evangelizar educando con estilo calasancio”). En estos años hemos avanzado mucho en todo lo relativo a la gestión económica de nuestros bienes y, por otro lado, no hay duda de que el documento sobre el Ministerio Escolapio aprobado por este Capítulo provocó un riquísimo trabajo sobre la identidad y calidad calasancia de nuestro ministerio. Seguimos trabajando desde lo recibido por aquel Capítulo.

El celebrado en 2009 (en Peralta de la Sal) nos ofreció una valiosa y rica serie de documentos. Yo creo que hay al menos cuatro grandes opciones subrayadas por aquel capítulo, siempre en continuidad de lo aprobado por los anteriores y siempre en sintonía con la vida de la Orden. Me estoy refiriendo a las siguientes: la apuesta por la expansión de la Orden, con los criterios desde los que se debía caminar; los diez elementos de identidad calasancia, que tanto nos han ayudado mejorar nuestra propuesta ministerial en cada una de nuestras plataformas de misión; la mayoría de edad de la Educación No Formal en las Escuelas Pías y, finalmente, la decisión de ir adelante con el proceso de reestructuración y revitalización de la Orden. Este capítulo es bastante reciente, y no es necesario abundar en la importancia de las opciones por las que apostó, porque están a la vista de todos nosotros.

Finalmente, el celebrado en Hungría en 2015 ofreció a la Orden las “Claves de Vida” que han ido inspirando el proceso global del sexenio que termina. Caminar con “claves de vida” claras y consensuadas hace posible que la Orden pueda avanzar de modo sistémico y sistemático en todas las áreas propias de nuestra vida y misión. Puedo decir, al término del sexenio, que estas “claves de vida” han sido decisivas para la Congregación General y para el conjunto de las demarcaciones, que han sabido integrarlas y adaptarlas a su realidad, para renovarla en comunión de Orden, siempre con la mirada en el conjunto de las Escuelas Pías. Son “claves de vida” que todavía tienen mucho que decir. Del Capítulo General de 2021 (2022) esperamos nuevos acentos y claridades para el desarrollo de estas “claves de vida”.

Pienso que en esto consiste el proceso de acogida y puesta en marcha de nuestros Capítulos. Hacen falta años, pero no hay duda de que las decisiones que se toman marcan dirección y, si los sabemos entender y respetar, nos ayudan a caminar en fidelidad al Espíritu, a la Iglesia y al Carisma del fundador, y nos impulsan a dar cada vez una mejor respuesta a los niños y jóvenes, que son el sentido de nuestra vida.

MÉXICO 2022 

No es necesario que me refiera a todos los temas que tenemos previsto trabajar en este Capítulo General, porque son conocidos por todos vosotros y me he referido a ellos en diversas cartas. Tan sólo quiero decir alguna cosa de todos ellos.

Un Capítulo General no puede ofrecer una “doctrina completa” sobre un tema, ni puede tomar todas las decisiones posibles sobre cada uno de ellos. Pero sí que puede poner sobre la mesa de la Orden algunos temas que son especialmente significativos, y ofrecer orientaciones importantes para desarrollarlos.

Este Capítulo General nos propondrá entrar a fondo en temas muy importantes y que están en este momento en pleno desarrollo en la Iglesia, en la sociedad y en las Escuelas Pías. Me refiero a cuestiones tan de fondo como la sinodalidad, la sostenibilidad integral de la Orden, la relación entre interculturalidad e inculturación, la renovación de nuestra cultura de Orden o la centralidad del Señoren nuestra vida. Son desafíos muy fuertes y significativos que nos van a marcar en los próximos años. Este es el valor de un Capítulo General: recoger las llamadas que recibimos de la Iglesia, de la sociedad y de la propia vida de la Orden; recibirlas y acogerlas desde nuestra vocación; y tratar de señalar nuevos horizontes y caminos de renovación. Demos tiempo -años- a este Capítulo, y celebrémoslo y acojámoslo en espíritu de discernimiento y misión.

La recepción de un Capítulo tiene los mismos dinamismos –en pequeña escala- que un Sínodo o que una encíclica en el conjunto de la Iglesia. Es lenta, debe trabajarse mucho en ella, porque es un hecho que se produce o no, y no se “decreta”, sino que se constata a posteriori. Nuestra Orden tendrá, en los próximos años, un gran desafío: acoger –o no- el Capítulo General. Porque puede ocurrir que no lo acojamos, o que lo hagamos de modo superficial. Si esto fuera así, estaríamos perdiendo una oportunidad.

Trabajar por la recepción del Capítulo no consiste solamente en animar a leer los documentos o impulsar planes formativos para que aquéllos sean mejor conocidos y estudiados. Para que se produzca la recepción del Capítulo es necesario un dinamismo global, que supone actitudes positivas y operativas. Supone acercar las decisiones y opciones capitulares al conjunto de los religiosos y laicos escolapios, ayudar a los jóvenes a conocerlas y descubrir las potencialidades y exigencias que encierran, impulsar iniciativas y apuestas concretas que hagan posible lo que el Capítulo aprobó. Si “no ocurre nada nuevo” después de un Capítulo General, es porque nada nuevo se dijo o porque no hemos sido capaces de acoger las novedades que aprobamos.

No quiero terminar esta carta fraterna sin agradeceros a todos vuestra acogida, paciencia y colaboración a lo largo de estos años de servicio a la Orden como Padre General. Que el Señor nos bendiga y nos inspire en este nuevo periodo de la vida de las Escuelas Pías.

Recibid un abrazo fraterno

P. Pedro Aguado Sch.P.

Padre General

 
Tomado de: Scolopi.org

En las numerosas ocasiones en las que a lo largo de estos años he podido encontrarme con tantas personas que aman a Calasanz y colaboran con las Escuelas Pías, he solido hablarles utilizando un pasaje del Evangelio de San Mateo (Mt 11, 42) que es particularmente significativo y que dice así: “Cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua, a uno de estos pequeños, por su calidad de discípulo, no se quedará sin recompensa, os lo aseguro”.

Me gusta pensar este pasaje como si estuviera dirigido a todas esas personas -muchísimas- que colaboran con el proyecto calasancio en tantos lugares del mundo. Y lo hacen de manera diferente, generosa, sencilla, humilde. ¡Cuánto tenemos que agradecer a nuestros benefactores, a quienes nos ayudan de tantos modos!

Memoria y Profecía son dos dimensiones complementarias de toda la experiencia histórica de la Vida Consagrada en la Iglesia. Es probable que sólo si las combinamos bien podamos extraer de ambas la profunda riqueza que encierran. Miramos nuestra historia para fortalecer las claves desde las que construir el futuro, no para quedarnos en la nostalgia de lo que ya pasó. Y construimos el futuro desde lo que hemos aprendido y recibido de nuestros mayores, como “pequeños en hombros de gigantes” que pueden ver más allá de sí mismos porque tienen el apoyo de quienes vivieron antes que ellos.

Después de año y medio, seguimos viviendo en medio de una pandemia que no estamos siendo capaces de controlar y que todavía no sabemos cuándo y cómo terminará. Está siendo, sin duda, una experiencia excepcional para toda la humanidad y, por lo tanto, para la Vida Consagrada y para el conjunto de las Escuelas Pías.

Nos podemos acercar a esta experiencia desde puntos de vista muy diversos, pero yo quisiera hacerlo desde una perspectiva en la que vengo pensando hace bastante tiempo y que se basa en una convicción muy concreta. Me gustaría formular esta convicción con la ayuda de una pregunta: ¿qué está haciendo surgir el Espíritu en medio de estas difíciles circunstancias que estamos viviendo, en medio de una pandemia que parece no tener fin?

La sinodalidad básica
 

Como todos sabéis, el Papa Francisco ha puesto en marcha un formidable proceso de discernimiento eclesial sobre la sinodalidad. Durante dos años, toda la Iglesia va a trabajar sobre este apasionante desafío de busca una “Iglesia sinodal, desde la comunión, la participación y la misión”.[1]

No hay duda de que éste es el contexto desde el que vamos a vivir, trabajar y acoger nuestro 48º Capítulo General, previsto para el próximo mes de enero. La sinodalidad será, también, uno de los temas específicos que trabajaremos en las reuniones capitulares.

Crecer “como Dios manda”
Carta a los hermanos - Junio

Escribo esta carta fraterna en pleno proceso de reflexión sobre los grandes núcleos que serán trabajados en nuestro próximo Capítulo General, y poco después de haber participado en la asamblea de la Fraternidad General Escolapia, que se celebró en modalidad online a causa de la situación de pandemia que vivimos. En ambos contextos estamos hablando del proceso de crecimiento que vivimos, y nos alegra saber que en diversos contextos de las Escuelas Pías se van incorporando cada vez más jóvenes que quieren ser religiosos, o que la Orden se va extendiendo poco a poco en nuevos contextos y en nuevas misiones. Nos alegra profundamente porque nuestra misión es servir, y todo lo que hagamos y vivíamos siempre será menor que las necesidades y desafíos que tenemos. Nos alegra ir creciendo poco a poco.

“Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador”
Carta a los hermanos - Mayo

Dedico esta Salutatio a una reflexión compartida sobre uno de los desafíos más fuertes que tenemos como cristianos y como religiosos: el clericalismo. Estamos ante una de las dinámicas eclesiales más denunciadas por el Papa Francisco a lo largo de su pontificado, y creo que vale la pena reflexionar sobre ella desde el contexto de nuestras Escuelas Pías.

Titulo la carta con la oración del publicano, contenida en el Evangelio de Lucas y presentada como alternativa a la oración del fariseo. Y lo hago porque creo que esta parábola, conocida popularmente como “la del fariseo y el publicano[1]” es una de las más claras para entender lo que significa el clericalismo y los graves peligros que encierra. Como en casi todas las parábolas del Evangelio, es muy importante leer a quién va dirigida. Se suele desatacar este detalle al comienzo de la narración, pero a veces se nos escapa. Jesús dirige esta parábola a “los que presumen de ser hombres de bien y desprecian a los demás” (Lc 18, 9). Efectivamente, el fariseo dice “te doy gracias, Señor, porque no soy como los demás”. Y enumera la lista de cosas que hace bien, su alto grado de cumplimiento de los mandatos de la ley. Su autoconciencia es de superioridad, y su actitud ante el otro es de desprecio porque lo considera “un creyente de segundo nivel”. Es una parábola contra el clericalismo.

“El Señor soberano es mi fuerza; Él me da piernas de gacela y me hace caminar por las alturas”
Carta a los hermanos - Abril

Escribo esta carta fraterna en medio de la experiencia de pandemia por el COVID-19, que tanto ha afectado a la vida y misión de las Escuelas Pías en medio de esta humanidad sufriente. Lo hago porque bastantes escolapios me escriben preguntando por la situación de nuestra Orden, por la experiencia que estamos viviendo como escolapios. Esta petición me ha ayudado a tratar de sintetizar algunas de las dinámicas que estoy viendo en el conjunto de las Escuelas Pías, y a ofrecéroslo como una contribución al crecimiento en sentimiento de pertenencia a la familia escolapia.
Y brotará un renuevo del tronco de Jesé
Carta a los hermanos - Marzo

Hace unos meses se celebró, en modalidad online, un Seminario sobre la vocación del “Escolapio Laico”. Participaron unas treinta personas, invitadas por la Congregación General, de diversas Provincias y Fraternidades, así como varias personas que ya están viviendo esta vocación específica que llamamos “Escolapio Laico”. La intención de la Congregación General al convocar este seminario fue la de profundizar en la “integración carismática y jurídica del laicado en las Escuelas Pías”, dado que se trata de una nueva vocación que, aunque sólo se ha desarrollado por el momento en una Provincia, es bueno que se vaya reflexionando y trabajando en el conjunto de la Orden, poco a poco, tal y como se pidió, en su momento, desde algunas demarcaciones.
Siguiendo los pasos de Jesús
Carta a los hermanos Ene-Feb 2021

Como todos sabéis, he dedicado las últimas Salutatios a reflexionar sobre los núcleos esenciales de nuestro próximo Capítulo General. Escribí una sobre el lema capitular (“Bajo la guía del espíritu Santo”) y una sobre cada uno de los tres primeros núcleos que hemos elegido, inspirados en el Memorial al Cardenal Tonti (“Constituir, Ampliar y Propagar”, “El Escolapio que necesitamos”, y “Un ministerio insustituible”). Falla la carta dedicada al cuarto núcleo capitular, “la centralidad de Jesucristo en nuestra vida”.

Después de reflexionar mucho sobre el asunto, decidí que lo mejor era hacer mía la reflexión que ya ha preparado un grupo de hermanos capitulares sobre este importante núcleo, y enviarla a todos como una carta fraterna. El texto llegará a todas las comunidades, en su momento, con el conjunto de los documentos capitulares que están siendo preparados. Pero he querido convertirlo en una Salutatio porque creo que es un texto que expone de modo muy acertado la importancia de este desafío.
El ministerio escolapio, definido por Calasanz como insustituible, será el tercer núcleo importante que queremos trabajar en el próximo Capítulo General, junto con los dos que han sido objeto de mis anteriores cartas fraternas (“la construcción de la Orden” y “el escolapio que necesitamos”) y el cuarto al que me referiré en la próxima, si Dios quiere (la centralidad de Jesucristo). Dice así Calasanz en el Memorial al cardenal Tonti: “Y entre estas últimas se cuenta la Obra de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, con un ministerio insustituible, en opinión común a todos, eclesiásticos y seglares, príncipes y ciudadanos, y acaso el principal para la reforma de las corrompidas costumbres; ministerio que consiste en la buena educación de los muchachos en cuanto que de ella depende todo el resto del buen o mal vivir del hombre futuro[1]”.
Calasanz dio comienzo a sus Constituciones, escritas hace ahora 400 años, incluyendo una frase que los escolapios de todas las generaciones aprendían de memoria: “Spiritu Sancto duce”. La Congregación General ha decidido que nuestro 48º Capítulo General sea convocado bajo este lema tan querido por el santo fundador: “Bajo la guía del Espíritu Santo”.
Interculturalidad e Inculturación

Como todos sabéis, el pasado mes de febrero llevamos adelante en Roma un “seminario de trabajo” sobre dos dinamismos fundamentales en la vida de la Iglesia y, por lo tanto, de las Escuelas Pías: la interculturalidad y la inculturación. En pocas semanas se publicarán todos los documentos que allí se trabajaron. Quisiera aportar un pequeño grano de arena a nuestra reflexión, con esta carta fraterna.

Tomado de Scolopi.org
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