Oratorio Comunidad de Loja

Después de mucho tiempo…entre ir y venir, opiniones y diálogos, tensos y ligeros, presentación de anteproyectos y proyecto final, hemos concluido la adecuación total del oratorio de Comunidad. La estructura del oratorio es el resultado de buscar y concretar un sentido profundo y válido para cada rincón de él; desde lo litúrgico, estético y simbólico; comenzó la idea de partir todo el espacio, desde una forma octogonal, basándose en lo siguiente: el octógono es una imagen que se compone de un número que se divide en dos partes iguales 4 + 4, y que a su vez se dividen en otros dos números iguales 2 + 2, los cuales también se dividen en dos números iguales 1 + 1; todo ello significa equidad, justicia y equilibrio. Es el octavo día de la creación y se considera simbólicamente como la Resurrección de Jesús, razón por la cual a menudo las pilas bautismales son octogonales. Recuerda igualmente la vida eterna que se obtiene con el bautismo. Es una recreación, el comienzo de una nueva etapa expansiva en el mundo terrenal, una vez conocido lo trascendente. La resurrección proviene de la lucha, de la muerte al mundo de los deseos, de la liberación de la rueda de la existencia y el sufrimiento.

Desde lo simbólico, el octógono representa el enlace entre el cuadrado y la curvatura de la esfera. Es sabido que, en las ciencias sagradas aplicadas al arte, el cuadrado estaba relacionado con la Tierra por sus cuatro elementos, o sus cuatro puntos cardinales; por eso, casi siempre se utilizaba en el románico o en el gótico como base de la columna que se unía al arco o al círculo situado en lo más alto del templo o del edificio.

Todo este simbolismo, generó la idea del octógono, orientando la parte superior de éste hacia el norte, en donde se recrea una cruz, signo de Redención y Amor de Jesús por la humanidad; está hecha en piedra, que significa firmeza y constancia, sobre ella se encuentra un crucifijo clásico, de arte quiteño, tallado en madera policromada; la cruz de piedra extiende su brazo derecho hacia el lugar donde está la Eucaristía, para abrirse finalmente, en un círculo; signo del todo y del Cielo. Por lo tanto, significa lo sagrado y la perfección: Dios, "cuyo centro se encuentra en todas partes y cuya circunferencia se encuentra en ninguna". Además, al no tener principio ni fin, el círculo significa también la eternidad.

La mirada queda entonces centrada en la Eucaristía, para su adoración y contemplación, presencia del Señor Jesús entre nosotros; este sagrario, recuperado del antiguo oratorio y construido en madera, está iluminado por cuatro luces, que representan los colores litúrgicos, verde, morado, rojo y blanco; cada luz se enciende de acuerdo a la celebración litúrgica del día o el tiempo que se vive.

La puerta del Sagrario, tiene la imagen de un cordero, con una cruz al fondo y un estandarte blanco, hace alusión a Jesús, el "Cordero de Dios", que es inmolado para la salvación del hombre y resucitado por Dios Padre.

Dentro del Sagrario, al fondo, se encuentra un ícono de Jesús el Salvador, el cual le da un realce de sobriedad y belleza.

Sobre la tercera cara del octógono, girando desde el norte, en movimiento de manecillas de reloj, se pueden apreciar dos sencillos y bellos íconos, sobre retablo, con las imágenes de nuestra Señora de las Escuelas Pías y nuestro Santo Fundador José de Calasanz.

Continuando con el movimiento, la cuarta cara del octógono tiene dos pequeñas ventanas de arco de medio punto, rematados en su parte superior por el escudo de la Orden, cada ventana posee dos "vitrales" de imágenes alusivas a la vida desde el Evangelio y Calasanz; la cara quinta del octógono, orientada al sur es el acceso al oratorio, por medio de una pequeña bóveda de arista; la sexta y séptima cara del octógono, tienen respectivamente dos pequeñas ventanas de arco de medio punto, siguiendo el mismo estilo de la cuarta y finalmente la octava cara, tiene una puerta en arco, que da acceso a la sacristía y una pequeña lámpara artesanal de aceite, para las celebraciones litúrgicas.

El oratorio cuenta con seis sillas, situadas por parejas, en las caras cuarta, sexta y séptima, cada una con su luz individual, para iluminar el espacio de acuerdo a la necesidad y gusto del orante.

El altar, reformado y recuperado, cuenta con una cruz de Jerusalén, en su parte inferior interna, que hace juego con la del ambón, la cual está acompañada de los símbolos de los cuatro evangelistas. Cada lugar cuenta con iluminación propia y adecuada para las celebraciones, el perímetro del octógono en su parte superior, quedó iluminado con una suave luz de color verde, que da una tonalidad cálida y acogedora, invitando a la oración, recogimiento y celebración.

Y para celebrar este nuevo espacio, la Comunidad, se reunió para bendecir el altar, y consagrar nuestro oratorio, en donde celebraremos la Eucaristía, la Liturgia de las Horas, los sacramentales, y los tiempos de oración.

Finalmente quiero dar gracias al arquitecto, Jaime Castillo, quien de manera muy atenta y profesional recogió todas las observaciones realizadas al anteproyecto y las que surgieron durante la obra, para plasmarlo finalmente en una obra que nos ha dejado muy buen sabor; deseo agradecer de igual forma a su profesional equipo de maestros, que hicieron posible en el tiempo estipulado, este hermoso, sobrio y sencillo lugar de oración y celebración; para Xavi, Charlie y José Miguel, estudiantes de grado 3°, otro agradecimiento por la mano que me dieron, en la logística final del proyecto.

Manuel Latorre Ferrero Sch.P.
Loja, febrero 28 de 2018.