Caminar juntos - Ecos del camino sinodal

Encuentro Sinodal en América. Los jóvenes, la fe y el dicernimiento vocacional.

La Orden de las Escuelas Pías, cuya labor consiste en el servicio a los niños y jóvenes, siguiendo los ideales de su fundador, San José de Calasanz, decidió darle acogida a la propuesta sinodal del Papa Francisco, cuya temática aborda aspectos relacionados con los ideales que priman en la Misión Escolapia: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

El Sínodo Escolapio de los Jóvenes se está realizando en cuatro fases: local o por presencias escolapias, demarcacional, continental y mundial.

El encuentro de la Circusncripción de América tuvo lugar en Oaxaca, México, con la participación de 51 representantes de las 8 demarcaciones escolapias del continente: Provincia de Argentina, Delegación General de Chile, Provincia de Brasil y Bolivia, Provincia Nazaret (Colombia, Ecuador, Perú), Provincia de Centroamérica y el Caribe (Venezuela, Nicaragua, Costa Rica, República Dominicana y Cuba), Provincia de México, Viceprovincia de las Californias y Provincia de Estados Unidos y Puerto Rico.

El encuentro se realizó del 30 de julio al 2 de agosto del 2018. Allí, las demarcaciones tuvieron la oportunidad de conocer realidades diferentes a las propias y expandir sus horizontes. El eje fundamental del trabajo consistió en cuatro acciones concretas: reconocer (ver), interpretar (pensar), elegir (actuar) y celebrar. Todas las actividades realizadas tuvieron una constante relación con estas tres acciones.

Se empezó con la presentación de los participantes, provenientes de todas las demarcaciones escolapias de América. Más tarde, en la Asamblea Sinodal, compartieron las conclusiones del trabajo realizado durante las etapa locales y demarcacionales y dieron a conocer las distintas problemáticas de las cuales los jóvenes son partícipes en sus propias realidades sociales. Posteriormente, se proyectó una película cuya finalidad fue incentivar el espíritu crítico y la capacidad de profundización.

También se fomentó y se utilizó la creatividad de los jóvenes para plasmar su realidad e idiosincrasia mediante el uso de las redes sociales, la elaboración de memes y periódicos. Un trabajo importante del encuentro consistió en la realización del árbol problematizador, una actividad en la cual cada uno pudo dar a conocer los frutos de su reflexión, mediante cinco símbolos:

   Raíz: ¿Qué alimenta o sostiene la fe de los jóvenes? ¿Cuáles son sus certezas, claridades, acciones? ¿Qué es innegociable? ¿Por qué Evangelizar?
   Tallo: ¿Qué acciones o proyectos pastorales han funcionado o funcionan? ¿Cómo Evangelizar a los jóvenes? ¿Cómo acompañar vocacionalmente a los jóvenes?
   Bichos: ¿Qué amenaza la vida de fe de los jóvenes? ¿Qué problemas ven en la Iglesia y en las Escuelas Pías para anunciar la fe?
   Hojas y frutos: ¿Qué frutos regala la fe a los jóvenes? ¿Qué es lo positivo que ven los jóvenes en la fe, en la Iglesia y en las Escuelas Pías?

Otra actividad muy valorada fue aquella mañana en la que los participantes colaboramos de manera significativa en la Escuela de Tareas de Oaxaca, actividad que, sin lugar a dudas, logró conectarnos con el Espíritu Calasancio, encontrar la alegría en el servicio a los más necesitados y a dar sin esperar recibir nada a cambio. Muchos de los jóvenes que participamos en el encuentro somos voluntarios en la educación no formal, en la catequesis, en el Movimiento Calasanz, en misiones o en otras actividades pastorales de nuestras demarcaciones.

Otra de las iniciativas del Sínodo fue la de encontrar distintas realidades, culturas, costumbres, tradiciones y la cosmovisión de cada lugar. Esto fue posible gracias a las muestras culturales de cada presencia. Para finalizar, tuvimos una peregrinación a la zona arqueológica de Monte Albán, lo que nos ayudó a valorar nuestras raíces ancestrales y todo aquello que nos hace únicos e irrepetibles.

La propuesta que el Papa Francisco nos hace en este Sínodo es novedosa puesto que, en esta ocasión, los jóvenes se implican responsablemente en la historia. Nos vemos capaces de generar el cambio y ser la esperanza de una Iglesia y de un mundo que busca insaciablemente respuestas, sentido y fortaleza. Por eso, esta propuesta resulta interesante. La temática va de acuerdo con la obra de Calasanz, el cual se dedicó al servicio de los niños y de los jóvenes y, como podemos ver ahora, con las Escuelas Pías que él fundó, generó cambio y esperanza.

El término Sínodo, que etimológicamente quiere decir “Caminar Juntos”, llega a interpretarse como un avanzar juntos en la fe, darle sentido a nuestro existir y a sentirnos como hijos amados de Dios Padre. Es una oportunidad para mirar desde una perspectiva nueva a la Iglesia, ese refugio de plenitud y paz interior que nos acerca a lo más profundo de nosotros mismos y de nuestro prójimo.

Esta experiencia es una invitación a actuar, a procurar dar lo mejor de nosotros mismos cada día, a brindar gratis aquello que nos es dado gratuitamente.

Un detalle bastante curioso, es que en el momento en el que se realizaba el Encuentro de América, simultáneamente, en Oaxaca, se celebraba la tradicional fiesta de la Guelaguetza, palabra zapoteca que significa compartir. Este término tiene una profunda relación con las experiencias vividas en el Sínodo, puesto que nuestra misión en este mundo es aprovechar todos aquellos dones, talentos, cualidades que Dios nos ha brindado, para hacerlos funcionar en servicio de quienes lo necesitan. Esta es la manera de brindarle sentido a nuestra vida, de dejar una huella, es decir, que nuestro efímero paso por el mundo esté lleno de plenitud y perduremos en el alma y el corazón de todos aquellos con los que hemos compartido.

El encuentro fue sumamente constructivo y alentador, pues nos ayudó a comprender que la Obra Escolapia está dando frutos, que se ha convertido en un referente para todos aquellos que buscan paz interior y una experiencia cercana a lo más humano y auténtico de cada individuo, que se está trabajando para la construcción de un mundo mucho más fraterno, en el que se respete y se valore aquello que nos hace únicos.

El enriquecimiento espiritual y personal, fruto de la reflexión y de la oración, nos ayudó a cambiar nuestra perspectiva respecto a ciertas ideas, contribuyó a mirar todo de una manera distinta, con unos ojos mejores, con los ojos del corazón. Ya no vemos la fe como algo estricto y relacionado con aquellos dogmas característicos de una Iglesia tradicionalista. La fe es algo que va más allá de eso y tiene un significado mucho más profundo. Es aquel sustento que nos permite permanecer en pie durante los momentos difíciles, cuando tocamos fondo. Es esa oportunidad para aprender algo que necesitábamos, la certeza de que el viaje nos hará más fuertes, nos ayudará a descubrir cualidades que no creíamos tener y, sobre todo, que a pesar de la adversidad, hay alguien que nos ama y nos protege, que nos ha permitido vivir estas situaciones difíciles porque sabía que las superaríamos.

También, este encuentro nos enseñó un nuevo estilo de vida: a vivir en el amor y en la felicidad, pero de una manera auténtica, que no “estemos felices”, sino que seamos felices, es decir, no ver la felicidad como un estado efímero y transitorio que desaparece o cambia dependiendo del tiempo o de las circunstancias, sino que la felicidad debe transformarse en un estilo de vida.

Este es el estilo de vida por el cual queremos optar: que aprendamos a aprovechar y valorar todo lo que la vida nos ofrece, que no nos aferremos a lo que pudo ser, sino que disfrutemos el aquí y el ahora, que no tengamos miedo de ser lo que somos realmente, decir lo que sentimos y sentir lo que decimos, hacer coincidir las palabras con las acciones, que no tengamos miedo a equivocarnos. No somos seres perfectos, pero si perfectibles. Que seamos una semilla de esperanza que está creciendo y algún día dará fruto, que estemos atentos al llamado del Señor para que éste no pase desapercibido y se marche sin dar fruto, que no tengamos miedo a entregarnos por completo y desinteresadamente al prójimo porque, al fin y al cabo, para eso estamos aquí.

Yo siento que Calasanz nos unió y nos unirá siempre.

Alex Alarcón. Ex alumno del Colegio Calasanz de Cañar, Ecuador

Tomado de piaristsynod.org

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