Reconocimiento al Calasanz Medellín 70 años

Ceremonia de entrega de la ORDEN AL MÉRITO DON JUAN DEL CORRAL EN GRADO ORO al Colegio Calasanz Medellín, por sus 70 años de trayectoria en la educación y formación integral de niños y jóvenes de la ciudad de Medellín, Colombia.
 
Palabras del P. Provincial, Juan Carlos Sevillano, en el acto de Condecoración al Colegio Calasanz en sus 70 años de existencia, por parte del Honorable Concejo Municipal de la ciudad de Medellín, Colombia.

"Es muy significativo para nosotros recibir este reconocimiento que nos hace el Honorable Consejo municipal de la ciudad de Medellín, porque nos ayuda a renovar el compromiso que tenemos con la ciudad de mantener vivo este faro de cultura y de espiritualidad que es el Colegio Calasanz de Medellín.

Hemos estado 70 años acompañando esta zona de la ciudad haciendo una preciosa presencia a través del colegio, la parroquia y los jóvenes con el Movimiento Juvenil cristiano Almatá y ahora con la obra de ENF Calasanz Contigo.

Cabe recordar que los escolapios llegamos a Colombia en diciembre de 1947, provenientes de Castilla (España), con la intención de establecer las Escuelas Pías en este lugar de América. Aunque vinieron con el plan de fundar en el Socorro y en Bogotá, traían también la idea de abrir un colegio y una casa en Medellín. El P. Juan Pérez, Provincial de Castilla en ese momento, cuenta que esta idea les había sido sugerida por un sacerdote de la ciudad, quien les había asegurado que Medellín era un lugar propicio para la Orden.

Siguiendo esta sugerencia, Pérez visitó al Arzobispo de Medellín en enero de 1948, durante su primer viaje a Colombia, para solicitarle autorización de fundar en la ciudad. El recibimiento no fue el esperado, ya que monseñor Joaquín García Benítez era renuente a aceptar nuevas congregaciones religiosas en su territorio, lo que hizo que la solicitud quedara en espera. Y así permaneció por varios meses.

Otro padre, El P. Aurelio Isla estaba seguro de que el mejor lugar para establecerse era Medellín. Por esta razón, en agosto de 1949, viajó a la ciudad para entrevistarse con el arzobispo García Benítez y volver a hacer la solicitud para fundar en su diócesis. De acuerdo al testimonio del mismo Isla, la entrevista no fue fácil y, aunque se consiguió el objetivo, la situación no era alentadora. Monseñor Joaquín Benítez aceptó que los escolapios abrieran colegio y casa en Medellín, pero se negó a apoyarlos y expresó abiertamente que no creía que tuvieran éxito. Sin embargo, el carácter fuerte y decidido del P. Aurelio y el deseo de los escolapios castellanos de no fracasar llevaron a que en noviembre de 1949 la comunidad que ya existía en el Socorro se trasladara a Medellín.

Lejos de la predicción hecha por monseñor Joaquín Benítez, la fundación de Medellín fue exitosa desde su inicio. El Colegio Calasanz de Medellín inició sus labores oficialmente el 13 de febrero de 1950 con 145 estudiantes matriculados, el número máximo que se podía atender. Desde ese momento, cada año, en sus distintas sedes (el centro de la ciudad, el barrio la América y la urbanización San Fernando, en Floresta), el colegio siempre tuvo todos sus cupos completos. Se alcanzó un prestigió tan rápido y tan grande que la apertura de la sede definitiva en Floresta, en noviembre de 1954, fue un evento multitudinario, en el que se dieron encuentro las principales personalidades de esta ciudad.

La fundación en Medellín fue muy importante en la historia de la Orden de las Escuelas Pías en Colombia, al menos, por dos razones. La primera, porque mostró el tesón y la tenacidad de los escolapios castellanos. A pesar de la desalentadora entrevista con el Arzobispo de Medellín y de la mala experiencia (por las realidades políticas en el Socorro, los escolapios se mostraron decididos a mantenerse en Colombia y a establecerse en Medellín. Las cartas de este periodo, los testimonios y las memorias, muestran que la capital de Antioquia fue el lugar en el que se puso a prueba la voluntad de los escolapios de establecerse en el país.

La segunda razón es mucho más importante. El éxito del Colegio Calasanz de Medellín fue clave para que la Orden lograra establecerse en el país. Estos primeros años de la fundación no fueron fáciles, en el Socorro las cosas no funcionaron, en Bogotá los problemas fueron múltiples y el colegio parecía que iba a fracasar por su escaso alumnado. En la correspondencia de los últimos meses de 1949 se alcanza a percibir desaliento, cansancio, preocupación y un poco de desesperanza por el futuro de los escolapios que estaban en Colombia. Pero en febrero de 1950, cuando se abre con gran éxito el Colegio Calasanz de Medellín, se ve que los fundadores toman un nuevo aire, se fortalecen y se animan.

En otras palabras, se podría asegurar que la llegada de las Escuelas Pías a Medellín le dio un nuevo aire a la fundación en Colombia, la alentó y la impulsó. Y esto se debió a que la capital de Antioquia era un terreno propicio para ofrecer en él la simiente escolapia. Y esto se dio gracias a tres factores: la religiosidad del pueblo antioqueño, la necesidad que había en Medellín de una propuesta educativa católica para la clase media y la importancia que le daban los escolapios a la educación moral de la juventud.

El primero de estos factores, la religiosidad de los antioqueños, fue decisivo en el éxito de la fundación en Medellín. En estos primeros años, los escolapios se caracterizaron por el énfasis fuerte que hicieron en la formación y en las celebraciones sacramentales. En Medellín fueron famosas las primeras comuniones presididas por los padres de las Escuelas Pías, por su solemnidad y belleza. De igual manera, los escolapios se hicieron celebres por la importancia que le daban a la confesión de niños y jóvenes y por la dedicación que mostraban en esa labor.

El segundo factor que explica el éxito del Colegio fue la población en la que se enfocó: la clase media. El crecimiento de la capital antioqueña se había acelerado en 1930, fortaleciendo a la clase media.

Este segmento de la población, compuesto por trabajadores asalariados, pequeños empresarios y profesionales de rango medio, necesitaba una propuesta educativa similar a la de las élites, pero a un precio más económico. En otras palabras, se quería una educación católica, de calidad, con un fuerte énfasis en los valores y la moral, pero que estuviera al alcance de personas con ingresos limitados. El Colegio Calasanz de Medellín fue una de las primeras instituciones que ofreció esta educación, lo que hizo que sus cupos fueran rápidamente copados.

El tercer factor fue la importancia dada por los escolapios a la formación moral de la juventud. En las Escuelas Pías la disciplina era muy importante. Los escolapios que llegaron a la ciudad fueron muy cuidadosos y exigentes con este tema. El P. Aurelio Isla cuenta que este fue uno de los rasgos distintivos del naciente colegio. La importancia de la disciplina radicaba en que era la clave para garantizar una verdadera formación moral de los individuos. Para la sociedad paisa de la época esto era muy importante, debido a su respeto por los valores.

Sin duda, Medellín fue un lugar clave para las Escuelas Pías, no sólo por el impulso que le dio a la fundación, sino porque en esta ciudad el carisma escolapio encontró una adaptación y unos énfasis propios. Pero, además, la capital de Antioquia se vio enriquecida por la llegada de la Orden y su especial manera de educar y evangelizar. Es por eso que celebrar la llegada de las Escuelas Pías a Medellín es celebrar la novedad que esta ciudad trajo al carisma escolapio y es celebrar que la ciudad se vio transformada por la llegada de los escolapios.

Hoy podemos decir que muchos de nuestros exalumnos han influenciado la vida política de la ciudad, han creado empresa, participan del mundo de la academia en las universidades, son, hoy en día, constructores de vida familiar justa y amorosa; pero lo más importante, son miles de exalumnos que por haber pasado por los procesos formativos del colegio han aprendido a gestionar la vida por sí mismos poniéndola al servicio de la sociedad allí donde los ha situado la vida.

Esta celebración es una oportunidad muy bella para renovar el impulso y tesón de los primeros fundadores que no se dejaron amedrentar por las difíciles realidades políticas, económicas y sociales de la época, sino que optaron por aportar lo mejor que tenían, el carisma de las Escuelas Pías, para la educación en Piedad y Letras de los niños y jóvenes paisas.

En este momento histórico, nos queremos seguir situando frente a los desafíos de la Colombia y Medellín de hoy trabajando por 4 realidades que consideramos son las urgencias más notorias:
 
- Procurar la realización vocacional de cada niño, joven y maestro, ayudando a que cada uno descubra y viva según aquello para lo que ha sido hecho por nuestro buen Dios, la vocación que lleva en el alma.
- Garantizar la formación continua de todos los agentes educadores para ser idóneos cooperadores de la verdad, capaces de responder a los desafíos educativos del momento.
- Fomentar la calidad de las relaciones entre todos los miembros de la comunidad educativa, generando ambientes vitales en los que el amor, respeto y el servicio a las personas sean el ingrediente característico de nuestra convivencia.
- Y, ante todo, ofrecer una calidad educativa y pastoral que garantice una formación integral de nuestros niños y jóvenes que les permita tomar la vida entre sus manos y ponerla al servicio de la transformación social, a favor de la atención de los más pobres, y de la Iglesia. Anunciándoles, eso sí, al Maestro de maestros, al que sabe de la vida, al que hace posible pasar por experiencias profundamente redentoras y salvadoras, Jesucristo nuestro Señor.
 
Muchas gracias al Honorable Consejo de Medellín, particularmente al concejal y padre de familia, Dr. Javier Rodas Velásquez, por esta Condecoración Orden al Mérito Juan del Corral; y a todos los que han hecho posible el sueño de Calasanz en estas tierras; gracias, a mis hermanos escolapios, a tantos laicos y maestros que han creído en la propuesta y le dieron lo mejor de sus vidas al servicio del carisma y a todos los aquí presentes que siguen y seguirán dinamizando y dando vida al carisma de la Escuelas Pías por el bien de los niños, jóvenes y la sociedad medellinense".