QEPD Basilio Álvarez

Queridos hermanos, con profunda tristeza, pero apoyados en la esperanza que el Señor nos regala, les comunicamos el fallecimiento de nuestro muy querido hermano P. Basilio Álvarez García el día de hoy 26 de agosto de 2021 en la ciudad de Medellín (Colombia) a la edad de 90 años. Fue religioso 74 años, y 67 años como Presbítero. Vivió su ministerio escolapio en los Colegios Calasanz Medellín y Calasanz Cúcuta.
 
Paz en su tumba.
 
Biografía Padre Basilio

Nace un 21 de junio de 1931 en un pueblo en la región de Galicia, España, llamado Manzaneda (una zona muy turística). Hijo de una familia de labradores.

Conoció a los escolapios por medio de unos tíos (unos de ellos fueron mártires de la guerra española), que le invitaron a estar en un colegio de la orden llamado Monforte donde cursó los primeros años de lo que hoy llamamos el bachillerato. Luego terminaría sus estudios de secundaria en la ciudad española de Getafe.

Realizó sus estudios superiores de Filosofía y Teología en el monasterio de Irache (en Navarra), de donde se trasladaría posteriormente a Salamanca para terminar allí su preparación para el sacerdote. Tenía entones 22 años de edad (dos años más joven de la edad a la que suelen ordenarse los sacerdotes, lo cual requirió de un permiso especial, o dispensa, por parte del provincial).

Era ya el año de 1955. Luego de su ordenación, le notifican que será enviado a Colombia. Con el espíritu aventurero propio de esa edad, entre expectativa y emoción por lo desconocido, inicia su largo viaje hacia su destino. 15 días en barco hasta el puerto de Buenaventura. Ya en Bogotá estuvo en la casa de los escolapios en la ciudad, llamada “El Paraiso”, trabajando luego algunos años en el internado.

Como buen escolapio, su amor por el conocimiento no se limitó a sus estudios en filosofía y teología, por lo que ingreso a la Universidad Javeriana a realizar su carrera en Matemáticas. De hecho, hizo parte de la primera promoción de Ciencias de la Educación egresada de dicha universidad. En aquella época, todos aquellos que aspirasen a titularse en dicha carrera, debían estudiar también Psicología, lo cual fue de todo su gusto y utilidad para vivir su ejercicio pastoral en la confesión.

Fueron unos bellos años, llenos de muchos esfuerzos y sacrificios, pues debía combinar su trabajo en el internado con sus estudios superiores, ya que no contaban con la comodidad económica de poder contratar maestros –más que para la asignatura de historia y geografía–, eran los mismos sacerdotes los que dictaban clases en el internado y luego él debía salir rumbo a la Javeriana a tomar clases de 5:30 o 6:00 p.m. hasta las 9:00 p.m., para luego regresar y hacerse cargo de los estudiantes. Fue una época de austeridad, de poca comodidad, pero que recuerda gratamente, pues fueron los años en los que se daba la vida para iniciar la construcción de los colegios de la Orden y aunque era sacrificado (28 horas de clase, más los estudios universitarios en la Javeriana), la energía propia de su juventud y su amor por su vocación le impulsaban a dar lo mejor de sí.

En 1966 termina sus estudios universitarios. Poco después fue enviado a Medellín como Perfecto (Coordinador de convivencia) recuerda haber hecho su servicio en el colegio con firmeza. De los castigos que rememora con gracia era cuando hacía venir a los estudiantes los días sábados por comportarse mal durante la semana o cuando un estudiante era retirado del salón de clase por su mal comportamiento, él los llamaba (por la zona que hoy conocemos como “la fuente”) y haciendo práctica de sus estudios, les asignaba ejercicios matemáticos y pedía sus sustentación hasta que estuviesen correctamente realizados. Aunque también promovía el apoyo académico: a los estudiantes que veía con resultados bajos, les invitaba a ir los sábados al colegio para hacer jornadas de refuerzo y recuperación. Tan efectiva fue la medida que los maestros de la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad Nacional solían distinguir cuándo un estudiante era egresado del Calasanz, pues solían decir: “Tú eres del Calasanz, ¿verdad? Pues esa manera de factorizar tan rápido es del Calasanz”.

Esto era posible ya que en aquella época su labor como Prefecto (Coordinador de convivencia), no conllevaba las mismas responsabilidades administrativa que hoy en día, por lo cual podía darse el lujo de dictar clases de matemáticas a los chicos de 4°, 5° y 6° de bachillerato (hoy: 9°, 10 y 11°), a demás del apoyo a la vida pastoral de la parroquia (sacramentos, confesiones, eucaristías, etc.). Por necesidades que fue descubriendo en el colegio, y apoyado en el ejemplo del santo fundador, decide abandonar las clases con los mayores y dedicarse a escuchar (acompañamiento espiritual) a los más pequeños (6° a 8°), pues veía que no tenían quien se ocupara de ellos, por lo que consiguió quien ocupara su puesto con los grandes y se dedicó a los pequeños.

Su estrategia fue simple pero profundamente efectiva. Iniciaba por orden de lista y luego volvía a empezar, garantizando así el hablar con todos y hacer debido seguimiento con aquellos con quienes ya había hablado. Los escuchaba, consolaba, animaba y aconsejaba. Siembre solía darles dulces (o como él les llama: “chocolatines”) a aquellos que iban a visitarlo animándoles y felicitándoles. Con aquellos que no iban muy bien los motivaba prometiéndoles un chocolate más grande si para la próxima le traían mejores calificaciones. Les brindaba apoyo y consuelo frente a sus dificultades familiar –que no eran menores a las que vivimos hoy en día, solo eran menos visibles-.

Viviendo esta nueva faceta de su vida (el acompañamiento espiritual), descubre que, siempre que se pueda contar con buenos maestros que cubran las clases, no hay mayor bendición que la de poder dedicarse por completo al acompañamiento de los chicos. Igualmente, en la parroquia, casi desde su fundación y durante unos 20 años, se dedicó especialmente a la confesión durante todas las misas, aunque hoy en día solo puede hacerlo en algunas de ellas debido a las condiciones propias de su edad.

A excepción de unos años que estuvo en Cúcuta (hacia 1996 o 97), estuvo desde entonces en Medellín.

El padre Basilio espera de los chicos de 8° que se porten como discípulos de Calasanz y discípulos del Maestro, Jesús. Y que realmente oren por él. Y que sigan siendo buenas personas.

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