"Aceptar nuestra fragilidad" Meditación 8 - P. Juan Jaime

«Lloras tú y lloro yo
y el cielo también, y el cielo también.
Lloras tú y lloro yo.
¡Qué fragilidad, qué fragilidad!
Aquellos que han nacido en un mundo así,
no olviden su fragilidad.»

(Sting)

Creo que, si algo habíamos olvidado, y ahora lo estamos teniendo que recordar a la fuerza, es nuestra fragilidad. Nos habíamos acostumbrado a un mundo empoderado, seguro de su ciencia y de su tecnología, orgulloso de haber vencido las dificultades que atemorizaron a nuestros antepasados. Pensar en que en pleno siglo XXI nos tendríamos que resguardar en nuestras casas a la espera de un milagro, temiendo que el mensajero de la muerte ingrese a nuestros hogares y nos quite a alguien amado, es algo que no estaba en nuestros cálculos. Pienso, sobre todo, en los muchachos de hoy que de forma tan olímpica tienden a despreciar los valores espirituales por considerarlos innecesarios, y como ahora se enfrentan a un encierro, ellos que viven afuera, a una pausa obligada, ellos que tanto se mueven, a un aislamiento, ellos que tanto quieren permanecer en contacto con sus amistades, a un dato cotidiano de número de contagiados y muertos, ellos que pretendían vivir en un mundo donde las tragedias habían sido derrotadas. El dolor, este dolor de una enfermedad intratable, este dolor de una sociedad desconcertada tomando decisiones nunca antes tomadas, este dolor de una economía en riesgo de desplomarse, este dolor del miedo de que sean muchos los que se contagien y muchos los que necesiten respiradores y muchos los que se agraven y muchos los que mueran, este dolor nos ha recordado lo frágiles que somos.