“El salmo Miserere: un camino de conversión” - Meditación 16

Misericordia, Dios mío,
por tu bondad, por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.

Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos».

(Salmo 51 —50— Versión de la Liturgia de las Horas)

El Salmo 50 (51), llamado comúnmente el Salmo “Miserere” (Misericordia) no es un salmo para leer ni solo para proclamar, sino para vivir. Es ante todo un itinerario de conversión. Orar con el Salmo Miserere es orar para buscar una explicación a la realidad del Pecado, orar para hacer frente al problema más serio y más dramático de la humanidad: el misterio de la iniquidad. Se trata también de orar para festejar la misericordia entrañable de Dios, la cual es la única salida y la única auténtica respuesta a la problemática. El Salmo fue escrito para darle voz a la experiencia penitencial. San Agustín escribió sus "Confesiones" a partir del Salmo Miserere, dándole, a partir de ahí, una lectura completa a su vida desde su pecado y desde la misericordia de Dios.