"No busquen entre los muertos al que vive" Meditación 20

«Yo soy la Resurrección y la Vida:
el que tiene fe en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que está vivo y tiene fe en mí,
no morirá jamás».

(JUAN 11, 25-26)

Por todo Jerusalén sólo había rumores, gritos, el ir y venir de la gente en la Fiesta de la Cosecha y el eco de la predicación de unos hombres que parecían borrachos en plena mañana. Hablaban de una gran alegría, de un inmenso amor entregado, de un Crucificado que estaba vivo, de un tal Jesús de Nazaret que había sido asesinado, pero que ahora había sido constituido por Dios Señor y Mesías. Los que predicaban eran los antiguos discípulos del Maestro de Nazaret. Se habían vuelto a reunir con Pedro a la cabeza y, juntos de nuevo, sintiendo una fuerza inexplicable en su interior, volvieron a la ciudad de la cual antes habían salido huyendo, y volvieron para predicar el nombre de ese Jesús al que antes habían abandonado. Volvieron llenos de alegría, ellos que habían escapado llenos de miedo y desesperanza.

Nadie entendía. ¿Cómo era que estos hombres con miedo, ahora anunciaban con valor? ¿Cómo era que estos hombres desunidos ahora formaban un grupo de creyentes con un sólo corazón y una sola alma? ¿Cómo era que estos hombres temerosos, ahora entregaban su vida por entero, unos muriendo apedreados, otros crucificados, otros decapitados y todo por anunciar a Jesús?

Algo les había sucedido. Algo habían sentido que les cambió completamente la vida. Algo habían visto.

Así comenzó un dinamismo que transformó la historia. Unos hombres borrachos de alegría que empezaron a predicar en plena mañana que la muerte no existe, que sólo es verdad el amor, que Dios es vida, que tiene sentido la esperanza porque el Señor vive, ¡porque Cristo Resucitó!