Una vez más, Calasanz - Meditación 23

Para nuestra fiesta calasancia:
UNA VEZ MÁS, CALASANZ

Una vez más, un año más, es Calasanz, es nuestra fiesta.

Por unos días haremos diversas actividades para disfrutar nuestra pertenencia a este sueño colectivo, a esta esperanza compartida, a esta alegría existencial, a esto de ser Calasanz que nos hermana e identifica.

Sabemos muy bien lo que estos días de fiesta significarán para nosotros. Serán días en los que intentaremos en la virtualidad vivir un poco de la alegría que siempre hemos procurado tener cada vez que celebramos nuestras jornadas calasancias. Todos estaremos muy ocupados divirtiéndonos un poco o coordinando las actividades preparadas para el disfrute de los demás. Pero hagamos lo que hagamos y estemos en lo que estemos, todos sabremos siempre que hay alguien en el fondo sosteniéndolo todo, dándole sentido y razón a estos días nuestros. Y ese alguien es Calasanz.

En 1592 Calasanz llegó a Roma para buscar un cargo eclesiástico que le permitiera ayudar en la reforma de la Iglesia y que, además de darle la oportunidad de coronar su carrera clerical, le ofreciera la posibilidad de llevar una vida cómoda y asegurada. Sin embargo, Jesús -el mismo que a tantos les ha cambiado la vida- y los niños pobres de las barriadas romanas, le trastornaron todos los planes. En 1597 comenzó a dirigir una escuelita en la sacristía de la iglesia de Santa Dorotea y a partir de entonces ya no quiso ni pudo abandonar a los niños. Los muchachos se le metieron en el alma y él sólo quiso entonces, meterse a su vez en el alma de los muchachos, para dejarles la más hermosa herencia: su propia persona llena de alegría y esperanza, enamorada de Jesús.

Esto es en últimas lo que celebramos cada año cuando llegan estas fiestas de agosto y estos días calasancios. Más allá de nuestras alegrías tan pasajeras y de nuestras diversiones momentáneas, hay algo que permanece, algo que nos convoca y que es lo que realmente nos identifica. Y ese algo es Calasanz, su persona, sus valores, su amor, su alegría, su esperanza.

Por eso, por un año más no sólo es fiesta,
no sólo son días de actividades,
no sólo es esparcimiento.
Por un año más,
incluso por este desconcertante año,
una vez más,
es Calasanz.

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